10 enero, 2018

El toreo del futuro


Mientras pasa el invierno taurino con la habitual pasividad de los profesionales, es tiempo de reflexiones. Se discute quién cambia a quien, si el toro al toreo o viceversa. Me parece claro que el toreo, la forma de torear en cada tiempo, es lo que modifica la forma de seleccionar el ganado, por tanto es el toreo quien modifica al toro. Y el toro no cambia de forma súbita, su evolución es muy lenta. Ha sido así siempre. Joselito El Gallo inició el cambio del toro, aunque sería Juan Belmonte quien se aprovecharía de un animal más apropiado para la quietud y el temple. Tras la revolución de Manolete volvió el toro a cambiar. Ahora, cuando la doctrina de Paco Ojeda, el último revolucionario, ya está asentada, el toro ha sufrido una nueva evolución en su forma de embestir y moverse por la plaza. Muy justo de casta, el animal que se lidia es un prodigio de fijeza y bondad, lo que naturalmente ocasiona que muchas veces sus embestidas sean de mínima emoción. Casi todos los toros embisten de la misma forma. Los espadas no están preparados para ponerse delante de un toro acometedor y fiero.  

De lo hasta ahora comentado supongo que habrá discrepancias entre los aficionados.  Quiero centrarme en Paco Ojeda. En mi opinión, es indiscutible su papel como revolucionario. El tiempo pasado le ha consolidado como el motor de un cambio en los años ochenta del pasado siglo. Después de su impacto, de su relativamente breve paso por la Fiesta, el toreo según Paco Ojeda sigue siendo la base del toreo moderno. Lo que no quiere decir que todos los toreros deban torear al estilo de Ojeda. Cuando aparece algún espada dotado de un arte soberano o un clasicismo asolerado, entonces todos estamos de acuerdo. Pero en cuestiones de terrenos, distancias, en la relación entre toro y torero en la lidia, el concepto de Ojeda sigue en todo lo alto.


Si Ojeda ha sido el último revolucionario, absorbiendo las maneras y el temple de un fenómeno llamado Dámaso González, la pregunta es si a la tauromaquia le quedan por delante nuevas revoluciones. ¿Hacia dónde irá el toreo en los años próximos? No soy capaz de imaginar cuál será la corrida de toros de mediados del siglo XXI, un tiempo que ya no podré ver pero que me parece que será maravilloso. Para que ello ocurra, el toro debe adaptarse siempre a la tauromaquia imperante. Cuesta mucho trabajo entender cómo será el toreo del futuro. Es posible que ya haya nacido esa figura que en veinte años puede cambiar de nuevo la forma de enfrentarse a un toro. El mismo toreo que llamamos eterno se nutre de las revoluciones. Solo espero que lo que esté por venir respete los principios fundamentales de la fiesta que rigen desde que un hombre se pone delante de un toro. 

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18 diciembre, 2017

Enrique Lebrija, el puntillero prudente


Se ha muerto Enrique Lebrija. La noticia era esperada. En una reunión celebrada en Sevilla en octubre, la Asociación Juvenil Gazuza tuvo el acierto de rendirle un homenaje que pasó casi de puntillas por esta Sevilla del toreo. Aquel día pude abrazarle y en su mirada noté el adiós del amigo que sabe que la partida está ya en el horizonte.

Se ha muerto un puntillero. Eso de dar la puntilla en la plaza ya no es lo que era antiguamente. Hubo un tiempo en el que el puntillero de la plaza atronaba todos los toros que se lidiaban en los ruedos. A finales del pasado siglo XX, los banderilleros terceros de las cuadrillas incorporaron entre sus obligaciones ineludibles la de apuntillar a los toros. Y ciertamente hay muy buenos puntilleros en las cuadrillas, aunque muchas veces en plazas como Sevilla el recuerdo de la saga Lebrija era más que obligado al comprobar los reiterados fallos de alguno de los encargados de la suerte. En esos casos, allí en su puesto, terno grana y azabache o azul y plata, sin ninguna ostentación, estaba Enrique Lebrija. Todos le mirábamos pero Lebrija ni se movía. 

Allí llegó tras la salida de su hermano José, que ejerció esta función hasta una polémica salida de la Maestranza en 2002. Enrique Lebrija era puntillero por tradición familiar. Lo fue su padre José, el primero de los así apodados, como lo fueron sus hermanos Manuel y José. El primero de ellos, Manuel Muñoz Lebrija, murió a consecuencias de las cornadas que le infirió un novillo de Diego Garrido al que intentaba apuntillar en la plaza de Alcalá de Guadaira el 22 de abril de 1962.
Más intensa fue la trayectoria de José Muñoz Lebrija, hermano mayor de Enrique, que ejerció el cargo durante 37 años, desde 1965 hasta 2002. A este José le cupo el honor de dar la vuelta al ruedo en la Real Maestranza en el año 1966 después de apuntillar un toro de Cuadri devuelto a los corrales. Le había tocado a Paula. Esa vuelta fue ciertamente contestada. 

Tras el despido de su hermano, Enrique ocupó el puesto en unos tiempos nada fáciles. Los puntilleros tenían como banco de pruebas los mataderos, lo mismo que muchos toreros, para aprender a descabellar, pero ya no matan los vacunos como antes y no hay una escuela para perfeccionar el oficio. Además, como se ha dicho, en el siglo XXI es raro que el puntillero oficial deba salir a rematar a los toros. Su labor quedaba para esos momentos en los que alguna res no se podía retirar una vez devuelta. En esa faceta fue Enrique un fenómeno. Y ha querido el destino que en la misma temporada en la que ha sido la última de su vida, haya podido apuntillar a un toro devuelto el día 6 de mayo, así como a un novillo de Villamarta el 28 de mayo. 

En las novilladas nocturnas de julio se notó su ausencia en el callejón. Enrique Lebrija llegaba puntual a su puesto mientras los toreros cambiaban la seda por el percal. La cornada fatal ya había hecho mella en su cuerpo. No volvió a su querida Maestranza. 

Lebrija se sentía torero. Su terno perfecto, su capote siempre incólume, sus andares por la plaza y el callejón, el talante discreto incluso cuando algún tercero se llevaba las orejas con sus marronazos, siempre en su sitio. Tan bueno era que atronaba por delante con certeza, pero también por detrás, una suerte que ignoran muchos. Fue un artista con la puntilla y fue una persona intachable. Lo saben bien en su Hermandad de Los Gitanos. También sus amigos rocieros. Se le echará en falta en el callejón bajo el tendido 5 de la plaza sevillana.     

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11 diciembre, 2017

Invierno


El invierno del toreo debería ser tiempo de análisis y reflexión. Al aficionado, y también a los profesionales, le encantaría que surgieran verdaderas propuestas del sector para revitalizar la Fiesta. No ocurre así. Miramos los números del año, cada vez más raquíticos, hacemos especulaciones sobre las plazas que no tienen empresas, conocemos los nuevos apoderamientos y, mientras tanto, todo sigue igual. No hay un sector más inmovilista que el taurino. La labor de la Fundación del Toro de Lidia es encomiable, pero sus esfuerzos no van a mejorar la casta de los toros ni la calidad de los toreros. En definitiva, no van a transformar la corrida de toros.

En esta calma chicha del invierno, las noticias más llamativas llegan de los nuevos apoderamientos. Es lo de siempre. Se cambia de torero o de apoderado para buscar nuevos horizontes. Sería bueno hacer un estudio sobre el número de apoderados que ha tenido cada torero y si tanto cambio ha sido rentable. Las figuras del toreo se han caracterizado siempre por tener al mismo apoderado durante la mayor parte de su trayectoria. Los cambios, la nueva ilusión de las declaraciones, la esperanza de entrar en las ferias, es la eterna letanía que deben contarnos las nuevas parejas para poder autoalimentarse ante algo ciertamente complicado. Pero es la comida invernal para los que nos dedicamos al toreo. La verdad es que nos gustaría escuchar otras canciones.

Por ejemplo, nos encantaría escuchar cosas como las siguientes. Nos gustaría saber que las llamadas figuras del toreo han pedido en Sevilla la corrida de Victorino y la de Miura. Que la empresa Pagés tiene un serio problema ante la avalancha de peticiones por parte de los matadores para estar en los carteles de estas ganaderías. También nos gustaría saber que en Madrid esos mismos toreros se pelean por la de Rehuelga o la de Saltillo y que la empresa no sabe dónde va a colocar a quienes matan esos hierros por sistema. Nos gustaría saber que todas las ferias van a organizar una novillada con picadores; o mejor, que los ejemplos de Arnedo, Algemesí o Calasparra serán seguidos en las plazas de capitales de provincia para celebrar ciclos de novilladas con nuevos valores. Y como pedir es gratis, nos gustaría que las empresas nos anunciaran una rebaja sustancial del precio de las entradas. En fin, que somos unos ilusos. El invierno pasa, llegará la primavera y todo seguirá igual. 

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28 noviembre, 2017

Premios


A propósito del Premio Nacional de Tauromaquia concedido a Enrique Ponce, una distinción que es más que justa, me parece evidente que el veterano diestro lo merece por su trayectoria única como torero. Incluso creo que lo puede merecer por su temporada taurina de 2017, un caso de extrema supervivencia en un matador de toros con tantos años en los ruedos. En los textos que he leído se vuelve a hacer hincapié en la corrida Crisol de Málaga como algo trascendental en su temporada. Aquí es donde debo mostrar de nuevo mi discrepancia más enérgica, igual que ya hice cuando se celebró el mencionado espectáculo.

Bienvenido sea el Premio para Ponce. Esto de los premios siempre será discutido. Se conceden, entre otras cosas, por una trayectoria, pero hay toreos como Paco Camino que no lo tienen. Los jurados y las organizaciones que conceden los premios son muy personales. Jorge Luis Borges no ganó el Nobel de Literatura.

Pero no puedo admitir que se vuelva a esgrimir la corrida de Crisol como un ejemplo de tauromaquia válida, y, mucho menos, como algo que deba ser considerado en el futuro como el camino a seguir en busca de la corrida integral o la fiesta global. El toreo es algo muy serio. Cada corrida es un camino que conduce de forma inexorable a la gloria del triunfo, a la decepción del fracaso o, afortunadamente pocas veces, a la tragedia de la muerte. Cada paseíllo es la antesala de todo o nada. Todo lo que acompaña al toreo debe quedar para momentos especiales. La música ameniza las faenas buenas y calla cuando hay desarmes o peligro para el hombre vestido de luces. Estas corridas con artistas en el tendido, que cantan por decreto sin acoplarse a la realidad del ruedo, son un esperpento. No digo nada si un flamenco está en trance y en el ruedo un matador está pasando apuros o huyendo del toro. Es verdad que Crisol fue un espectáculo amable con una imagen dulce, es cierto que Estrella Morente se acopló con Ponce en algunos momentos, pero la pureza y la verdad del toreo no pueden quedar desfiguradas con la lidia acompañada de canciones. Por una vez puede valer. Pero ese no es el futuro. Y menos cuando todo concluye con indultos de verbena.

El futuro, no me canso de repetirlo, es la emoción del toro íntegro y fiero ante un torero capaz de dominarlo. Todo lo demás son inventos que no conducen más que a escenas absurdas. Enhorabuena a Enrique Ponce por su premio. Crisol se hizo presente en la Feria de Málaga. Ha cumplido tu sueño. No es necesario que lo repita más veces. El camino de la Fiesta es otro muy diferente.

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21 noviembre, 2017

A propósito de la crítica


Hay un texto maravilloso escrito por el periodista deportivo Roberto Palomar en ABC que se llama ‘La banalización de la información deportiva’. Al leerlo me he sentido reflejado en el mismo, aunque con la diferencia de que Palomar se dedica al deporte y yo me dedico a los toros. Siempre que puedo, cuando estoy con desconocidos, trato de ocultar que me dedico a la información taurina. Es algo instintivo. No es solo porque nunca se sabe quién es el interlocutor que está delante, sino porque el conocimiento de mi dedicación  provoca de forma sistemática extrañeza o admiración. Se extrañan los detractores del toreo, que suelen cambiar de tema si son educados. A otros les produce admiración  que me dedique a los toros y aprovechan la ocasión.

Los que se admiran siempre hacen preguntas, o, mejor dicho, dan sus opiniones. Y así es habitual que te lancen a la cara preguntas en las inquieren mi opinión sobre Morante o sobre José Tomás. Y si es así, el asunto puede tener arreglo. Lo malo es que muchos de los que preguntan, antes de que pueda contestar, ya están ellos respondiendo. Y aparecen en escena todos los tópicos del mundo. Son los listos que aprovechan que pueden conversar con un crítico para demostrar su sabiduría en el asunto. Te dicen que Morante es un artista, pero es una pena que no tenga valor; o que José Tomás se deja coger por los toros para alimentar el morbo y así una retahíla de lugares comunes que han escuchado en algún momento.

A veces les he preguntados a estos sabihondos cuando fueron por última vez a los toros y no se acuerdan, aunque siempre hace mucho tiempo que no pisan un coso taurino. Y es el momento en el que llego a la conclusión, como le pasa a Palomar, de que algo estamos haciendo mal si no somos capaces de llevar al público la verdad actual de la información y la crítica taurina. Nadie me comenta las buenas crónicas que se escriben o el trabajo serio y silencioso de quienes trabajan en las redacciones de radios, periódicos o  revistas taurinas. Estos aficionados de verbena necesitan entrar en contacto con la buena información taurina de nuestros días. Otro asunto de mayor envergadura sería si la crítica cumple con rigurosidad sus funciones de formar, informar y entretener. Si conocieran el trabajo de los críticos, seguro que dejarían de hacer preguntas capciosas solo para responderlas ellos mismos y presumir cuando están delante de un tipo tan extraño que es crítico taurino en los tiempos que corren. 

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16 noviembre, 2017

Sevilla 2018


A la vista de lo que conocemos de la temporada del próximo año de Morante de la Puebla, se puede asegurar que el cigarrero no estará ni el Domingo de Resurrección en Sevilla ni tampoco en los carteles de la Feria de Abril. Es una mala noticia, tanto para quienes seguimos siendo partidarios de su estilo como para la propia feria sevillana. Basta con recordar que este año Morante ha hecho cuatro paseíllos en Sevilla y en tres de ellos se colocó el no hay billetes. Morante sigue siendo, solo o en compañía, el matador de mayor tirón en la Real Maestranza.

La ausencia del torero de La Puebla puede ser la oportunidad para que la empresa confecciones unos carteles con los que se combinen de manera atractiva los espadas del escalafón. Sería un buen detalle que, salvo quienes hagan el paseíllo el Domingo de Pascua, ningún torero acudiera más de dos tardes al abono. Y con esa premisa, la empresa debe rematar unos carteles abiertos conjuntando toreros veteranos con figuras atractivas y jóvenes en edad de merecer un mejor futuro.

Que nadie malinterprete lo siguiente. Propongo algunos carteles que gustarían a los aficionados y al público en general. Por ejemplo, Ferrera, Talavante y Roca Rey. ¿Y éste otro? Juan Mora, Manzanares y Ginés Marín. Y un tercero. ¿Qué tal Ponce, Ureña y Pepe Moral? Eso sí, si en alguna hay un gesto con una corrida de toros diferente a lo que es el sota, caballo y rey del momento, mejor.

Que no se moleste ningún torero no mencionado, y tampoco sus apoderados. Era solo para poner un ejemplo. En lo del ganado, ahí si hay que pedirle a la empresa alguna innovación con la llega de algún encaste casi olvidado en Sevilla en la feria, sobre todo el de Santa Coloma, del cual la mejor expresión puede ser una de La Quinta, siempre que Rehuelga no tenga una corrida para Sevilla, lo que no parece posible en la temporada de 2018.

Sobre el Domingo de Pascua, el cartel está en la mente de los aficionados. Antonio Ferrera, como triunfador de la pasada Feria debería estar presente. El segundo puesto debe ser bien para Manzanares o para Talavante. Y el tercero, para Roca Rey, único torero que cortó dos orejas a un toro en 2017. Sin embargo, como quiera que El Juli cumple 20 años de alternativa, lo más probable es que quede formado por El Juli, Manzanares y Roca Rey. Y si los precios bajan algo, aunque sea un poquito, pues miel sobre hojuelas. Dicho todo esto sin ánimo de molestar a nadie. Ya se sabe que en materia taurina todo el mundo sabe mucho y tiene siempre la mejor información (modo ironía).

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28 octubre, 2017

Motivos para la indignación


Con esto de ser aficionado a los toros cada día nos encontramos con muchas satisfacciones, aunque también con muchas situaciones y detalles que nos llenan de indignación. En los días anteriores al momento de escribir estas líneas se han sucedido varias que me han provocado el enfado consiguiente. 

El Ayuntamiento de Zaragoza publicó un vídeo en el que animaba a la población a disfrutar de las Fiestas del Pilar. En el vídeo aparecen  múltiples actividades lúdicas, pero se han olvidado de que en la plaza de toros de la Misericordia se han congregado miles y miles de personas todos los días alrededor de la tauromaquia. La buena gente mañica no merece a estos regidores tan acomplejados y mentirosos (recuerdo que el alcalde llamado Santisteve pertenece a Podemos).

Indignado me he sentido una vez más con algunos comentarios encontrados en las cloacas de las redes después de la cornada de Cayetano en la misma plaza de Zaragoza. Estas reacciones no son propias de personas normales, no es posible que se pueda desear la muerte a nadie, pero esto ya no nos coge de sorpresa. Lo que más me cabrea es que estos indigentes morales no den la cara y siempre están escondidos detrás de nombres falsos. El insulto desde el anonimato. La mejor respuesta la ha dado Cayetano que les ha dado las gracias con esta frase antológica: ‘Y a todos aquellos que os habéis alegrado por mi dolor o me habéis deseado la muerte, ¡gracias también, porque eso sólo me hace más fuerte!’.

Y cuando ya estaba casi curado de espanto me llega una noticia de difícil clasificación. Se trata de un resumen de lo que han comentado los presidentes de la plaza de Murcia después de la feria de este año. El primero de ellos comenta – no se olvide que estaba hablando en público – que pidió que lo liberaran de presidir la corrida en la que estaba anunciado Morante (que después no acudió) y en la que se lidiarían los toros de Núñez del Novillo. Han leído bien. A la ganadería de Núñez del Cuvillo, este representante de la autoridad la llamó Núñez del Novillo. Ni tiene gracia ni pienso que sea aficionado a los toros. Es otro acomplejado con estereotipos prefijados. Y lo más grave es que todavía no nos ha llegado la noticia sobre su fulminante destitución como presidente. Lo dicho, que cada vez hay más motivos para estar indignados. En otra ocasión les hablo de la racha de indultos, de los festivales, de los tentaderos y clases prácticas y de los aficionados prácticos. Indignado es poco, pero es lo que hay y hay que contarlo.

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El toreo del futuro

Mientras pasa el invierno taurino con la habitual pasividad de los profesionales, es tiempo de reflexiones. Se discute quién cambia a q...