16 noviembre, 2017

Sevilla 2018


A la vista de lo que conocemos de la temporada del próximo año de Morante de la Puebla, se puede asegurar que el cigarrero no estará ni el Domingo de Resurrección en Sevilla ni tampoco en los carteles de la Feria de Abril. Es una mala noticia, tanto para quienes seguimos siendo partidarios de su estilo como para la propia feria sevillana. Basta con recordar que este año Morante ha hecho cuatro paseíllos en Sevilla y en tres de ellos se colocó el no hay billetes. Morante sigue siendo, solo o en compañía, el matador de mayor tirón en la Real Maestranza.

La ausencia del torero de La Puebla puede ser la oportunidad para que la empresa confecciones unos carteles con los que se combinen de manera atractiva los espadas del escalafón. Sería un buen detalle que, salvo quienes hagan el paseíllo el Domingo de Pascua, ningún torero acudiera más de dos tardes al abono. Y con esa premisa, la empresa debe rematar unos carteles abiertos conjuntando toreros veteranos con figuras atractivas y jóvenes en edad de merecer un mejor futuro.

Que nadie malinterprete lo siguiente. Propongo algunos carteles que gustarían a los aficionados y al público en general. Por ejemplo, Ferrera, Talavante y Roca Rey. ¿Y éste otro? Juan Mora, Manzanares y Ginés Marín. Y un tercero. ¿Qué tal Ponce, Ureña y Pepe Moral? Eso sí, si en alguna hay un gesto con una corrida de toros diferente a lo que es el sota, caballo y rey del momento, mejor.

Que no se moleste ningún torero no mencionado, y tampoco sus apoderados. Era solo para poner un ejemplo. En lo del ganado, ahí si hay que pedirle a la empresa alguna innovación con la llega de algún encaste casi olvidado en Sevilla en la feria, sobre todo el de Santa Coloma, del cual la mejor expresión puede ser una de La Quinta, siempre que Rehuelga no tenga una corrida para Sevilla, lo que no parece posible en la temporada de 2018.

Sobre el Domingo de Pascua, el cartel está en la mente de los aficionados. Antonio Ferrera, como triunfador de la pasada Feria debería estar presente. El segundo puesto debe ser bien para Manzanares o para Talavante. Y el tercero, para Roca Rey, único torero que cortó dos orejas a un toro en 2017. Sin embargo, como quiera que El Juli cumple 20 años de alternativa, lo más probable es que quede formado por El Juli, Manzanares y Roca Rey. Y si los precios bajan algo, aunque sea un poquito, pues miel sobre hojuelas. Dicho todo esto sin ánimo de molestar a nadie. Ya se sabe que en materia taurina todo el mundo sabe mucho y tiene siempre la mejor información (modo ironía).

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28 octubre, 2017

Motivos para la indignación


Con esto de ser aficionado a los toros cada día nos encontramos con muchas satisfacciones, aunque también con muchas situaciones y detalles que nos llenan de indignación. En los días anteriores al momento de escribir estas líneas se han sucedido varias que me han provocado el enfado consiguiente. 

El Ayuntamiento de Zaragoza publicó un vídeo en el que animaba a la población a disfrutar de las Fiestas del Pilar. En el vídeo aparecen  múltiples actividades lúdicas, pero se han olvidado de que en la plaza de toros de la Misericordia se han congregado miles y miles de personas todos los días alrededor de la tauromaquia. La buena gente mañica no merece a estos regidores tan acomplejados y mentirosos (recuerdo que el alcalde llamado Santisteve pertenece a Podemos).

Indignado me he sentido una vez más con algunos comentarios encontrados en las cloacas de las redes después de la cornada de Cayetano en la misma plaza de Zaragoza. Estas reacciones no son propias de personas normales, no es posible que se pueda desear la muerte a nadie, pero esto ya no nos coge de sorpresa. Lo que más me cabrea es que estos indigentes morales no den la cara y siempre están escondidos detrás de nombres falsos. El insulto desde el anonimato. La mejor respuesta la ha dado Cayetano que les ha dado las gracias con esta frase antológica: ‘Y a todos aquellos que os habéis alegrado por mi dolor o me habéis deseado la muerte, ¡gracias también, porque eso sólo me hace más fuerte!’.

Y cuando ya estaba casi curado de espanto me llega una noticia de difícil clasificación. Se trata de un resumen de lo que han comentado los presidentes de la plaza de Murcia después de la feria de este año. El primero de ellos comenta – no se olvide que estaba hablando en público – que pidió que lo liberaran de presidir la corrida en la que estaba anunciado Morante (que después no acudió) y en la que se lidiarían los toros de Núñez del Novillo. Han leído bien. A la ganadería de Núñez del Cuvillo, este representante de la autoridad la llamó Núñez del Novillo. Ni tiene gracia ni pienso que sea aficionado a los toros. Es otro acomplejado con estereotipos prefijados. Y lo más grave es que todavía no nos ha llegado la noticia sobre su fulminante destitución como presidente. Lo dicho, que cada vez hay más motivos para estar indignados. En otra ocasión les hablo de la racha de indultos, de los festivales, de los tentaderos y clases prácticas y de los aficionados prácticos. Indignado es poco, pero es lo que hay y hay que contarlo.

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05 octubre, 2017

¿Hay relevo?


Cuando ya la temporada está viendo la puerta de salida se me ha ocurrido mirar el escalafón de los matadores. El de novilleros lo haré en otra ocasión, pero ya se puede asegurar que es para morirse de pena. Solo cuatro jóvenes han superado la veintena de festejos. Lo de los matadores este año también es preocupante. Se cuentan veinticinco toreros que han superado las veinte corridas. Sin embargo, mi intención era comprobar si se había producido una verdadera renovación en el escalafón. De los diez primeros en el listado, solo hay dos novedades: Roca Rey y Ginés Marín. Los otros ocho son espadas de muchos años de alternativa.

Les refresco la memoria. Padilla es de 1994; Talavante y Cayetano, de 2006; Enrique Ponce es de la quinta de 1990; El Juli, de 1998; Perera es de 2004; El Fandi es de 2000 y el francés Juan Bautista tomó la alternativa en 1999. En definitiva, entre los diez primeros del escalafón, ocho tienen más de diez años de alternativa. Y algunos casi veinte como el caso especial de Ponce con veintiocho temporadas en activo.

¿Y si miramos diez años atrás? Es un tiempo considerable. En aquella temporada de 2007 el primero fue Manuel Díaz El Cordobés con 97 corridas. Ese año, entre los diez primeros aparecían cuatro toreros que siguen este año en la misma situación: El Fandi, El Juli, Talavante y Ponce. Es decir, que el cuarenta por ciento se mantiene entre los diez primeros diez años después. Está claro que hay seis que no estaban entonces. Tales como Cayetano, Perera, Bautista, Padilla o los citados Roca Rey y Ginés Marín.

Abandono esta retahíla de números. Entre los diez primeros siguen toreros muy veteranos. Las únicas incorporaciones han sido las del peruano Roca Rey y la de Ginés. Es una constante de las últimas temporadas que la edad media del tiempo de alternativa de los diez primeros es muy alto. Está claro que a los más jóvenes les cuesta mucho torear con asiduidad. Torean siempre los mismos toreros. Y eso quiere decir que las empresas no abren los carteles para dar cancha a toreros con pocos años de alternativa. Si el número diez del escalafón de este año, Juan Bautista, ha toreado 33 corridas, ¿quiere ello decir que no hay toreros de tres o cuatro años de doctorado que merezcan torear ese mismo número de corridas? Algo falla. Algo se está haciendo mal. 

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29 septiembre, 2017

Un nuevo Vázquez


El paseo por las calles de Higuera de la Sierra es una vuelta atrás para rememorar tiempos pasados que no volverán. Las calles estrechas de calzadas empedradas, siempre cuesta arriba o cuesta abajo, las casas encaladas en blanco, el aire fresquito que viene de la montaña cercana, el paisaje del campo más agreste siempre a la vuelta de una esquina, los olores a dulces recién hechos con anís y todo tipo de especias, todo es un compendio de sabor serrano. Higuera tiene una de las más antiguas cabalgatas de Reyes de España; una Cabalgata viviente en la noche helada del 5 de enero. Esa Cabalgata se nutrió siempre del toreo. El clásico festival de Higuera, mantenido por el padre Girón con la ayuda de Litri, Julio Aparicio, Diego Puerta y tantos otros, fue santo y seña del calendario taurino. 

He vuelto a Higuera después de algunos años al soniquete de un nombre colgado en los carteles del remozado festival de este año, de nuevo para la cabalgata. Rezaba el mismo, como último participante, que toreaba Manolo Vázquez. Y desde que me llegó la noticia me impuse volver a Higuera para ver al quinto miembro de la dinastía torera de los Vázquez. Los hechos tienen importancia por detalles muchas veces escondidos en las telarañas más intrincadas. Era un festival en una plaza de mil personas, un festival con erales sin picar, pero al final se anunciaba un niño que se llama Manolo Vázquez. Era algo más que una anécdota en la agenda del 16 de septiembre.

Y caminando hacia la plaza me pareció ver que en la puerta de su casa de siempre estaba el cura Girón, un santo de los de verdad y torero por todos sus poros. Allí me pareció que volvía a salir para saludar a los amigos, para hospedar a los toreros que se vestían de corto en las habitaciones de su casa. Y una nostalgia profunda me fue invadiendo. Era el tiempo pasado, tantos ratos amables vividos en sus calles y en la plaza, esa sensación de que ya nada puede ser como antes, aunque muchas veces nos empeñemos en lo contario.

Manolo Vázquez es un niño que torea como los Vázquez. Demostró aplomo, clasicismo, maneras ortodoxas y sentido del temple, todo ello sin ningún detalle para la galería. Será torero o no lo será, pero era necesario volver a la plaza serrana para ver la puesta en escena de este descendiente de mis amigos Pepe Luis y Manolo Vázquez. Era preciso sacar un festival de tercera del montón de festejos de un sábado de septiembre.  

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18 septiembre, 2017

Preguntas


A veces me hago preguntas que no soy capaz de contestar. Me tranquiliza pensar que estas preguntas también se las harán muchos aficionados. He aquí algunas.

¿Por qué cada vez es más difícil ver torear a la verónica en nuestras plazas de toros? ¿Por qué no se exige a los lidiadores que coloquen bien al toro en la suerte de varas? ¿Cómo es posible que se nos llene la boca de alabanzas para la suerte de picar y en las plazas se aplauda a los picadores que no pican a los toros?

¿Por qué el matador de turno se inhibe en su quite en las plazas en las que el toro debe acudir dos veces al caballo, mientras que el siguiente espada siempre realiza el suyo? ¿Será que el lidiador de turno no quiere robarle pases al toro y al compañero le importa poco hacerlo si no lo va a torear de muleta? ¿Por qué se aplauden y celebran pares de banderillas de escasa calidad cuando los colocan los matadores de toros?

¿Cómo es posible que la mayoría de los matadores de nuestros días se parezcan tanto unos a otros por los planteamientos de las faenas? ¿Por qué se ha perdido la personalidad de los lidiadores? ¿Por qué los nuevos toreros formados en las Escuelas imitan de forma sistemática a los consagrados? ¿Por qué se ha impuesto el toreo sin ajuste y desplazando al toro hacia afuera?

¿Cómo es posible que en nuestros días no se pueda acabar una faena sin manoletinas ni bernadinas? 

¿Admiten los públicos de ahora un final con ayudados por bajo, con adornos pintureros o con el toreo a dos manos? ¿Se puede entender que a los tendidos les importe muy poco la ejecución de la suerte suprema? ¿Por qué se piden orejas después de la inflación de espadazos traseros y caídos que son la norma de nuestros días?

¿Estamos ya ante la decadencia total de toro encastado para suplirlo por el toro dócil, noble y sin fuerzas? ¿Hay que asumir ya la manipulación del toro por sistema? ¿Por qué algunos toreros que triunfan en plazas de primera no aparecen nunca en los carteles de las ferias? ¿Es ésta de nuestros días la Fiesta que empezamos a amar cuando apenas éramos unos jovencitos?

No tengo respuestas para tantas preguntas. Lo que sí es cierto es hay una notable pérdida de calidad en la afición. Quedan muy pocos aficionados buenos. Y ahora que remato, me asalta la duda sobre si estas preguntas son adecuadas o son improcedentes.

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13 septiembre, 2017

Paquirri


El 2 de septiembre se celebró la edición LXI de la corrida Goyesca de Ronda. Quien no conozca un día de Goyesca en Ronda no sabe lo que es una población volcada con un acontecimiento. El pueblo se sabe protagonista de la fiesta y participa en la calle como extras de una película porque entienden que son el fondo imprescindible para que el espectáculo tenga su máximo contenido. He tenido la suerte de asistir de forma continuada a todas las goyescas desde el año 1983 y proclamo que es uno de esos días en los que te reconforta el detalle de ser aficionado a los toros.

Este año se ha retirado de los ruedos Francisco Rivera Ordóñez, ahora Paquirri en los carteles. No se sabe, creo que ni él mismo, si es una retirada definitiva o si volverá en el futuro. De momento es una retirada y bien merece una reflexión. Francisco es uno de los toreros más vituperados por quienes se llaman aficionados. Es evidente que quienes le minusvaloran lo hacen porque es un torero famoso con proyección especial fuera de los ruedos por los conocidos avatares de su familia. Pienso que ese factor mediático le ha ayudado en parte, pero también le ha perjudicado. Paquirri ha sido prejuzgado casi siempre por su fama en los medios. Muchos que presumen de aficionados le han ignorado de antemano.

En la carrera taurina de Francisco hay una etapa ciertamente maravillosa. Son aquellos primeros años después de su alternativa en Sevilla, cuando los triunfos se sucedieron a golpe cantado. El caudal de sangre torera que corre por sus venas se expresó de forma evidente en un matador con un estilo muy clásico y con una casta heredada de su abuelo y su padre. En su larga carrera ha habido momentos diversos. Ha logrado triunfos valiosos y también derivó hacia cierto conformismo en otras ocasiones. Esta última vuelta la ha pagado con una cornada tremenda en el año 2015 en la plaza de Huesca. Sus palabras sobre cómo no debe retirarse un torero después de una cornada son un ejemplo de su casta torera.

Desbordado por su propia fama, abrumado por el interés que despiertan sus pasos y los de su familia, Paquirri (o mejor Francisco Rivera Ordóñez) dice adiós. Me gustaría que fuera definitivo. Por mi parte, quede constancia del mayor de los respetos porque, aunque muchos se lo hayan negado, ha honrado a la profesión de sus gloriosos antecesores. 

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05 septiembre, 2017

La suerte suprema


Me resisto a escribir sobre Crisol. Intento seguir escribiendo de toros, nunca de operetas circenses. Entiendo el juicio benévolo de los que lo presenciaron por televisión, posiblemente porque Crisol es un espectáculo visual, pero nunca debe ser considerada una corrida de toros, menos con añadidos como el de un indulto injustificado. Hasta aquí Crisol.

Quiero llamar la atención sobre algo que vengo observando cada vez con mayor frecuencia. Se trata de la concesión de trofeos cuando el matador de turno mata con prontitud al toro. El público transitorio, que va un día a los toros y no vuelve hasta el año próximo, pide orejas con entusiasmo cuando el animal muere a la primera, sin que le importe si ha habido faena meritoria, obviando la ejecución de la suerte y pasando por alto la colocación del estoque. Solo interesa que el animal muera con prontitud.

Es decir, se está instalando en nuestras plazas una actitud que consiste en admitir que la suerte suprema es muy dura para la vista de los presentes y que es necesario abreviar el tiempo de esta suerte fundamental de la tauromaquia. Se apodera de la masa la idea de que en estos tiempos no debe prolongarse la tarea de matar al toro, de forma que se celebra con alegría que el trámite sea mínimo. Se está pasando a considerar que la suerte de matar es algo malo en sí mismo y se premia al torero que resuelve el asunto con celeridad. Y algunos toreros, que se han percatado del asunto, no se preocupan de matar bien, sino de hacerlo pronto.

Las teorías animalistas siguen avanzando en las conciencias de la población. Basta comprobar que en plazas muy serias se pita por sistema la suerte de varas antes incluso de que el toro haya llegado al caballo. Se aplauden todas las situaciones que minimicen la crudeza de la corrida de toros. Parece que estos públicos ocasionales se sienten autocomplacidos porque suponen que el animal ha muerto con menos sufrimiento.


Solo así se explica que se hayan cortado orejas este año en plazas de primera por faena inexistentes rematadas con un bajonazo con derrame y muerte espectacular del astado. De ahí a la corrida sin muerte queda un pequeño paso. La suerte suprema debe mantener la importancia que siempre ha tenido en el toreo. Se deben premiar con trofeos las grandes estocadas, pero cuidado con la tendencia que nos invade. No vale cualquier forma de muerte de un toro.  

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Sevilla 2018

A la vista de lo que conocemos de la temporada del próximo año de Morante de la Puebla, se puede asegurar que el cigarrero no estará ni...