11 agosto, 2017

El público y la pasión


Los aficionados gozamos con las películas taurinas antiguas. Es cierto que muchas veces nos quedamos sorprendidos porque el toreo de la primera mitad del siglo XX está muy alejado del que vemos en estos tiempos. Además de estudiar los estilos de cada torero, los vericuetos de la lidia de antaño, las reacciones de los toros, estas imágenes nos muestran un público enfervorizado que salta de alegría al contemplar lances y muletazos que no tienen nada que ver con los que hoy se prodigan en nuestras plazas de toros. Esa pasión de los seguidores de Joselito y Belmonte a comienzos del siglo es parecida a la que despierta Manolete ya en década de los cuarenta. Recuerden esa película de Manolete en su confirmación en México con la plaza enloquecida ante una faena que en estos días no pasaría el filtro de nuestras exigencias modernas.

Ese público no estaba equivocado. Si nosotros hubiéramos estado en esos tendidos también habríamos manifestado de forma expresiva nuestra alegría y satisfacción por esas faenas, que nos mostraban toreros que rectificaban la posición, que remataban muchos pases por alto y que casi siempre se dejaban enganchar los engaños. Y al ver esas imágenes surge la explicación. Allí había emoción de verdad. 

El toreo ha llegado a una perfección insospechada. No se concibe ya una faena con enganchones, menos se permite que un torero mueva los pies en el embroque. Es un toreo casi perfecto, al que se ha llegado porque el toro actual lo permite. El toro y el toreo se han conjuntado para que se presencien obras sin mácula. Sin embargo, con este toreo tan perfecto ya no se levantan con entusiasmo los públicos como en aquellos otros tiempos del pasado. Ahora se contemplan las tandas de muletazos y solo hay reacción cuando llega el remate con el pase de pecho. Cuando esa perfección está adobada de un arte sublime o un valor descomunal, entonces hay verdadera respuesta del tendido. No puedo explicar las causas, pero a veces añoro un toreo que sea capaz de levantar en cada muletazo a toda una plaza, como nos enseñan esas imágenes en blanco y negro del pasado. Fiel a mis tesis, debe ser que esta perfección está carente de emoción. Y caigo en que esa emoción del pasado la debía poner, en buena parte, el toro.   

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06 agosto, 2017

Algo más que Baleares


Lo suyo sería hablar de Baleares, pero no creo que pueda aportar nada nuevo a lo que ya se ha escrito. Es una pesadilla que, por encima de quienes quieren defender a los animales, solo intentan destruir a España como nación. Me gustaría fijar mi reflexión en lo que se dice de forma rutinaria: los peores enemigos de la Fiesta están dentro. No estoy seguro de ello, aunque muchas veces parece que es cierto ante los comportamientos de algunos taurinos, que solo piensan en su seguridad económica inmediata sin pensar en el futuro.

Me gustaría centrarme en dos cuestiones: el toro y la confección de los carteles de las ferias. La vuelta de la emoción a las plazas se sustenta en un toro encastado y de toreros capaces de dominarlo y torearlo. Ese toro brilla por su ausencia en la mayoría de la ferias. El toro al uso es simplemente noble, justo de raza, algo manso, que se deja dar cientos de pases sin molestar al torero. Si a eso le añaden que el toreo actual es despegado y desplazando afuera al toro, se entiende que hay que torear muy bien para conseguir que las plazas vibren con el toreo actual. Ante la falta de calidad de muchos toreros, estos deben recurrir a los muletazos modernos, espaldinas, arrucinas, rodillazos, bernadinas, manoletinas y arrimones, para captar la atención del tendido. Y así ocurre con algunas figuras y con los más jóvenes de las escuelas. Solo copian lo accesorio. En definitiva, si saliera un toro exigente la emoción volvería a las plazas.

Sobre los carteles de las ferias, pues estamos como siempre. El sistema está controlado y siempre torean los mismos. Los triunfos no sirven para nada. Solo pongo dos ejemplos. Pepe Moral estuvo enorme con la de Miura en Sevilla. No le ha servido más que para acudir a Pamplona. No lo tienen en cuenta.  Hay un torero que pone de acuerdo a todos cada vez que torea. Pone de acuerdo incluso a los del sistema. Es David Galván. Pero no le abren las puertas para que pueda enfrentarse a esos toros terciados y nobles que se lidian por las ferias. Es más que posible que Galván también podría estar cumbre con esas reses.  El sistema no quiere toreros nuevos. En fin, que lo de Baleares es grave, pero hay cosas que también son preocupantes. Y están en el interior de la Fiesta.

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02 agosto, 2017

Equilibrio


No me gusta que a los novilleros sin picadores les suelten erales astifinos y agresivos. No creo que para forjar a un futuro torero haya que ponerlo delante de animales pasados de kilos y de pitones. Los novillos, y eso vale también para los utreros, pueden tener defectos en las defensas sin que ello presuponga que ha habido manipulación. Es decir, que pueden ser acapachados, abrochados, cornicortos, mogones u hormigones. No se trata de filtrar a los que empiezan solo por su capacidad para ponerse delante de reses muy serias. Lo que se debe buscar es comprobar quienes tienen verdaderas condiciones - capacidad, arte, oficio, maneras, valor - para tener un futuro como toreros. Y se ha cantado mucho a algunas plazas en las que los erales tenían hechuras de cuatreños.

Todavía me gusta menos que en muchas plazas salgan toros con las defensas claramente manipuladas. El matador de toros tiene un recorrido profesional que le permite ponerse delante de reses íntegras. Hay toros para plazas de primera, segunda y tercera, incluso para portátiles, pero esta diferenciación no debe permitir nunca la manipulación para disminuir sus defensas.


Es decir, que en estos tiempos en los que la información nos llega de forma instantánea, cuando esa bendición de la redes sociales bien utilizadas nos aportan la opinión que quienes de otra forma no podían saltar a la palestra, resulta que hay plazas donde se lidian erales desproporcionados para toreros inexpertos y reses disminuidas para toreros con un amplio bagaje en los ruedos. Y en esas redes se jalea lo primero, aunque también es verdad que se denuncia lo segundo. El final es el de siempre. Ni una cosa ni otra. Ni erales astifinos con hechuras de toros de plaza de segunda para novilleros sin picadores, ni toros chicos con defensas virtuales para figurones del toreo. Es una cuestión de equilibrio. Tiempo tendrán los aspirantes para ponerse delante de toros serios. En el periodo de aprendizaje no vale exigir que sean héroes. No me parece lícito cantar la seriedad excesiva de una novillada para jóvenes en sus primeros pasos. Menos lícito es que en algunas plazas salga un toro que lastima la vista para  los que ya están de vuelta en la profesión. Equilibrio es la palabra.

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24 julio, 2017

El encierro y la corrida en San Fermín


Todos los informativos de radio y televisión de la mañana del lunes 10 de julio contaban como noticia de relevancia que dos corredores habían sufrido contusiones en el encierro de las reses de Fuente Ymbro. Nada que objetar en principio, si no fuera porque en la UCI del Hospital de Navarra estaba ingresado Pablo Saugar 'Pirri' a las pocas horas de haber sido brutalmente corneado en el ruedo y haber pasado varias horas en las manos salvadoras de los médicos de la plaza de Pamplona. La noticia eran los dos contusionados en el encierro. No era el percance gravísimo sufrido por el magnífico torero. Es la prevalencia desproporcionada que tiene el encierro sobre la corrida de toros de la tarde. El encierro es protagonista durante muchas horas en la televisión pública, la misma que ni siquiera hace una mínima referencia a lo sucedido en la corrida del día anterior. A veces, incluso se olvidan de mencionar a los matadores que se enfrentarán a las reses corridas por la mañana. Es el eterno desprecio que sufre la Fiesta desde muchos ámbitos. El encierro vende; la corrida de toros molesta. Los medios se afanan en contar todos los detalles de lo que ocurre en tres minutos por las calles, pero no quieren saber nada de los que ocurre en dos horas por la tarde con más de quince mil personas en los tendidos.

Bienvenida sea la información del encierro; se admite la historia del australiano que se deja coger de forma inocente en la curva de Mercaderes; todo lo que suponga enseñar al toro es bueno. Lo que pasa es que se ha olvidado que el encierro existe porque por la tarde hay una corrida. Sin corrida no hay encierro. Y no puede ser noticia que dos corredores hayan sufrido contusiones cuando en el hospital un torero ha sufrido una cornada de caballo. Es la hipocresía llevada a su máxima expresión.


Por lo demás, por la visión de los festejos de Pamplona en televisión, solo queda lamentar el deterioro de una Fiesta que sigue siendo válida para todos, pero que exige unos toros sacados de tipo que no pueden embestir. Y luego está lo de las orejas. Se ha llegado a un punto en el que veinte muletazos buenos pueden pasar desapercibidos y cinco rodillazos son celebrados como el ‘no va más’ del toreo. Las orejas se cortan por matar pronto. No importa dónde caiga la espada. Llega Antonio Ferrera con una faena magistral y no se enteró nadie en la plaza, ni los del sol con su juerga ni los que se suponen más serios de sombra. Algo está fallando en los sanfermines, aunque insisto, que viva San Fermín.  

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17 julio, 2017

Panorama desolador


El verdadero drama sigue estando presente en las novilladas con picadores. Diría más, el drama que se acrecienta entre los novilleros españoles. Los que más torean son franceses o hispanoamericanos. No debe ser porque los españoles tengan menos capacidad. Deben jugar otros temas. Es un drama que nos hayamos olvidado de las novilladas con picadores. Nos queda la esperanza de las que se anunciarán en el mes de septiembre en las tradicionales plazas de nuestra geografía, pero no es suficiente. Salvando las plazas de primera, y sobre todo Madrid y Sevilla, apenas se organizan  novilladas picadas.

Hay un esfuerzo notable para organizar festejos sin caballos, gracias a las escuelas taurinas que son un motor incuestionable. En este sentido quiero destacar de nuevo al certamen de las escuelas andaluzas, televisadas por Canal Sur, que son un ejemplo que ya siguen algunas otras comunidades. 

En la misma Maestranza sevillana se celebrarán en julio las consolidadas novilladas para aspirantes con dieciocho chavales dispuestos a buscar el triunfo. Hay muchas novilladas sin picadores. Los jóvenes que sueñan con ser toreros tienen posibilidades. ¿Y después qué ocurre? Pues que se quedan parados la mayoría porque para torear con picadores hay que tener una cuenta corriente abundante.

Se me viene a la memoria el caso de un novillero sevillano que fue el triunfador del ciclo de festejos de las escuelas andaluzas el pasado año. Es Juan Pedro García ‘Calerito’. Todavía no ha debutado con caballos. Nadie ha podido dar una explicación coherente sobre la situación de Calerito, un torero en el que tenemos puestas nuestras esperanzas pero que en julio todavía no ha debutado con los del castoreño. Se anuncia para agosto en Castuera, pero lleva todo el año sin torear.


Se comprende todo, sobre todo el coste desproporcionado de una novillada, pero algo está fallando si muchachos con posibilidades están entrenando sin poder ponerse el traje de luces. Y parece que si has nacido en España, todavía es más complicado. Basta mirar el escalafón. El primer español es Pablo Aguado, que ya debería haber tomado la alternativa, y que lleva seis novilladas. Solo 12 noveles han toreado cuatro o más festejos. Algo estamos haciendo mal si no cuidamos la cantera. Está bien la atención a los festejos sin picadores, pero no olvidemos a los que ya deben torear utreros.  

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02 julio, 2017

Medalla eterna

Es muy dura la cuesta a la hora de escribir cuando aún no estamos repuestos, ni lo estaremos nunca, de la muerte en el ruedo de Iván Fandiño. Todos los temas pendientes se quedan aparcados porque quiero sumar mi reflexión a los textos apasionantes que se han publicado tras esta tragedia. No conocí a Iván, nunca le hice una entrevista, ni siquiera tengo que pedir perdón por alguna crónica en la que lo tratara con desdén o dureza. En realidad, Iván Fandiño nunca se hacía merecedor de un tipo de crónica semejante, porque, por encima de otras apreciaciones, todos sentíamos una profunda admiración por su trayectoria y por su honestidad como torero.  

Circula por las redes una entrevista de la televisión vasca del año 2014 que recomiendo a todos. En el campo, la finca de Guadalajara, cerca de los toros, Iván deja su testamento. Recurro a sus palabras, que hago mías, para añadir unos gramos de gloria a quien ha muerto en las astas de un toro. “La dureza de la profesión no son las cornadas del toro, son las injusticias que se comenten con los menos poderosos, como me ha ocurrido en muchas ocasiones en mi vida”, dice Iván. 

Como una premonición que produce escalofrío comenta que “las cornadas son medallas para el torero, aunque con la técnica actual son menos frecuentes, pero siempre puede ocurrir un accidente que incluso puede conllevar la muerte. Es la medalla más grande, todos los toreros tenemos asumido que algo así puede ocurrir cualquier tarde”.  Y añade: “Llevo siete cornadas. El maestro Ordóñez dijo una vez que un torero bueno siempre llega, como mínimo, a las quince en su carrera taurina, así que me quedan todavía por recibir más cornadas que las que me han dado hasta ahora”. 

Todo lo que se ha dicho es verdad: contracorriente, luchador, mortal y rosa, el mismo vestido de la Puerta Grande, el mar de los hombres libres, torero samurái, la muerte honrosa, la muerte del torero como algo natural, el Gólgota, la Piedad del Miguel Ángel, grandeza de héroe derrotado… No hay más palabras. No quiero enlazar letras para buscar frases originales. Vean el vídeo. Iván Fandiño en 2014 nos recuerda que la muerte del torero en el ruedo es la propia grandeza de la profesión y de la Fiesta. Fandiño tiene la su medalla eterna. Tanto luchar… para alcanzar una gloria que disfrutará en el cielo.   

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23 junio, 2017

Algeciras


El coso de Las Palomas de Algeciras tiene solera, tradición y afición. Así lo puedo atestiguar después de más treinta años asistiendo a su Real Feria de finales de junio. Puedo presumir de ser uno de los más veteranos a la hora de contar las corridas en esta plaza. Algeciras está en puertas de un nuevo ciclo con la suerte de contar como empresa a Lances de Futuro, que, con la juventud e imaginación de José María Garzón, está logrando mantenerse en plena crisis y ofrecer carteles de alto contenido taurino.

Nunca pude ver toros en la antigua Perseverancia, pero conozco como nadie esta plaza tan alegre, cómoda y torera. En su ruedo he presenciado hitos inolvidables del toreo, como el indulto por Emilio Muñoz del toro Comedia, de Cebada Gago, y una faena inmensa, dicho así con todas las palabras, de José María Manzanares padre a un toro de Núñez del Cuvillo, posiblemente su última gran obra, que logró que todo el coso  sufriera un intenso estremecimiento al presenciar el toreo más hondo imaginado. 

Han sido muchos los avatares que ha sufrido la plaza. También conoció la época de las vacas gordas con ferias infladas con un número excesivo de corridas. Garzón ha encontrado el equilibrio, aunque si organizara una novillada con picadores su labor podrá alcanzar la nota máxima. 

La plaza algecireña es de segunda, es decir, que tiene la misma categoría que las de capitales de provincia. Este aspecto le confiere al toro que se lidia un punto de mayor presencia. Algeciras ha sido escenario de las actuaciones de todas las figuras del toreo. Sobre su albero se han lidiado las reses de las ganaderías más señeras, pero incluso puede contar con suficiencia que allí se lidiaban todos los años los toros de Pablo Romero. Algeciras es parte de la historia del toreo con derecho propio.
Su afición, como le ocurre a tantas plazas, tiene buen gusto torero. Allí se reúnen los mejores entendidos del Campo de Gibraltar. La alegría de la plaza, con esa monumental merienda en la mitad del festejo, no está reñida con el buen juicio del tendido. Es un nivel de exigencia que debe mantenerse, por mucho que en estos tiempos, como en todas partes, ese nivel haya bajado. Animo a quienes me leen a que acudan a Algeciras a ver toros. Hay más cosas en la ciudad y en sus alrededores: playas, comidas, calidad humana…, pero solo ver toros en Las Palomas ya merece un viaje al sur de Europa.

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El público y la pasión

Los aficionados gozamos con las películas taurinas antiguas. Es cierto que muchas veces nos quedamos sorprendidos porque el toreo de la...