28 julio, 2010

El toreo, chivo expiatorio de unos amargados

Todo se ha consumado. No hay motivos para rasgarse las vestiduras. Ha ocurrido lo que estaba anunciado. Como demócrata, me parece genial que a un Parlamento llegue una Iniciativa Libre Popular (ILP); incluso asumo que se admita a trámite para su votación. Lo que ya es inadmisible es que un grupo de políticos aprovechen la ILP para votar a favor de sus intereses particulares. Se ha dicho, y hay que repetirlo, por mucho que algunos de los abolicionistas digan lo contrario, que se ha votado contra España, contra su símbolo cultural más significativo. Es un ataque directo a España que retrata a los políticos nacionalistas catalanes. Han debilitado su territorio, que ahora es menos culto, pero sobre todo han demostrado que su concepto de la libertad es nulo. Las caretas se han quitado. La guerra está abierta. Cataluña odia a España y suprime los toros. Y España, y la Fiesta, no pueden permanecer con los brazos cruzados.

A este estado de cosas hemos llegado porque la fiesta se ha encontrado abandonada a nivel central por parte de los políticos en el poder, en concreto por los socialistas que manda el señor Zapatero. Y hay que decirlo muy alto. El abandono sufrido por los toros por parte del gobierno central ha sido muy grande. Los socialistas tienen una importante cuota de responsabilidad en lo que ha ocurrido.

De los nacionalistas, ¿qué puede añadirse a estas alturas? ¿Hay algo menos democrático que el discurso de Carold Rovira?, aquél individuo que tuvo la feliz idea de ponerse una corona de espinas. Pero a este tipo ya se le conocía. Más repugnancia produce Artur Mas y toda su cohorte. Este asunto de los toros ha sido una excusa para poner sobre el tapete un problema más intenso. A Cataluña se le están haciendo concesiones inadmisibles que ponen en peligro la unidad de España. Cataluña es una isla vetada para los españoles, que no pueden trabajar en su territorio, ni vivir de forma normal, si no dominan el catalán. Sólo ese pequeño detalle de prohibir que unos chavales pudieran ver la final del mundial es bastante significativa de cómo andan las cosas. Estamos ante una provocación permanente de Cataluña que ha consentido el gobierno de Zapatero. O se frena toda esta algarabía, o vamos al caos del enfrentamiento definitivo entre Cataluña y el resto de España. La fractura social está a la vuelta de la esquina. El germen de la intolerancia se ha alimentado. El odio ha crecido un poco más por ambos lados.

Esto es lo que hay. Cataluña se ha empobrecido y se ha deprimido culturalmente. Es verdad que la fiesta allí estaba de capa caída. Lo que indigna son las formas. ¿El futuro? Creo que es una decisión anticonstitucional y allí habrá que acudir. La Fiesta debe crecer y debe protegerse para evitar otras situaciones parecidas. La Fiesta debe mejorar para que sea más atractiva. Hoy es un día para el lamento, pero no sólo por la fiesta en Cataluña, sino también porque un grupo de políticos han dado un paso adelante para levantar más barreras y sembrar nuevos odios. El toreo ha sido la ocasión perfecta para enfrentarse a España y un grupo de amargados han logrado una pequeña victoria, aunque pienso que esta guerra no ha finalizado. ¿Independencia? Vale. Adiós muy buenas, pero dejen de joder señores.
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Desprecio a los incultos: hablemos de toros

Quiero pasar página de atropellos de incultos e ignorantes enfurecidos contra los símbolos de la única nación posible, España. Y al pasar página, reclamo a todos los implicados que el toro salga al ruedo íntegro y bravo; pido a los toreros, valor y arte para dignificar la lidia; y a quienes no se ponen delante, pero son capaces de influir mucho, que no molesten y que se tapen. La Fiesta es muy grande. No hacen falta salvadores. Sobran presumidos y gentes de paso. Sólo requiere un toro de verdad y un buen torero. Que siga la Fiesta en paz.

Y hablemos de toros. El pasado domingo se lidió en El Puerto una corrida de toros de verdad con el hierro de Buenavista. Es cierto que hubo un predominio de la mansedumbre, pero también es verdad que la presencia fue impecable y que el comportamiento de los astados le dio a la corrida un aire de seriedad de la que carecen muchas otras que tenemos que soportar diariamente en los ruedos. El domingo fue imposible comer pipas en el tendido.

Solapado por la noticia desagradable del percance de Macías, la importancia del lote de reses de Clotilde Calvo quedó en segundo plano, lo mismo que el triunfo de Oliva Soto. El torero de Camas ha toreado tres festejos después de su paso por Sevilla y ya se nota su mayor oficio, lo que unido a su indudable calidad le convierte es un torero para seguir en sus próximas actuaciones.

Esta corrida de El Puerto fue para aficionados. Por desgracia, sólo un tercio de plaza. Llegarán los nombres a la Real Plaza y se llenará en tardes de tronío. Han pasado toros de respeto y hombres toreros y no ha asistido casi nadie. Mientras no cambiemos estos comportamientos, mal nos irá en el futuro.
Foto: Álvaro Pastor (tercer toro de Buenavista).
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20 julio, 2010

La venganza de la Cataluña independentista

La suerte parece echada. La ILP puede acabar con las corridas de toros en Cataluña. Tal vez sea el momento de hacer algunas reflexiones. De un lado, ¿cuál es el auténtico significado del fin de los toros en las plazas catalanas y, especialmente, en la Monumental? De otro, ¿quiénes tienen alguna responsabilidad en este desenlace? Finalmente, es preciso hacer algunas otras consideraciones que pueden ayudar a intentar el estado de las cosas taurinas en Cataluña. Vaya por delante que el fin de los toros en Barcelona es una grave puñalada para la Fiesta. Sólo hay que repasar el significado de Barcelona en el toreo. Es una noticia pésima, si finalmente se consuma la prohibición.

El bandazo de los socialistas de Cataluña ha sido llamativo, aunque personalmente no me sorprende. En otras ocasiones lo he comentado. Aquí no existen programas de partido con unas líneas de conducta mantenidas para toda España. Son políticos que sólo buscan el voto. En Andalucía se vuelcan con la Fiesta porque es rentable en las urnas. En Cataluña no hacen lo mismo porque no es políticamente correcto y puede restar apoyos. Ya sabemos quienes son estos dirigentes de los socialistas de Cataluña.

No me extraña nada de lo que está ocurriendo. Muchos lectores habrán podido ver en distintos reportajes las manifestaciones de muchos catalanes antes y después del triunfo de España en la final del Mundial. Se ha podido ver con claridad que hay gente con el odio marcado en su sangre contra todo lo que huela a España. Me he retorcido de rabia al escuchar las argumentaciones de muchos personajes que animaban a Holanda, que decían que su selección no jugaba en el Mundial, que ese día no tenían ganas de hablar en castellano…He oído burradas tras burradas en las que sólo el odio feroz marcaba las palabras de estos tipos.

Al observar a esos individuos, he comprendido muchas cosas. A los pocos días de la resolución del Tribunal Constitucional acerca del Estatuto (por que se dice Estatuto) la inquina y animadversión contra todo lo que respire algo de españolidad se ha acrecentado. Y el ambiente les pide a los políticos que realicen manifestaciones de catalanismo y/o de antiespañolidad. Y lo primero es la votación del día 28, que no es ya una decisión fundada en motivos de sentimientos o ecológicos, es una forma de derrotar a España. Dirán esos estreñidos antiespañoles: “Nos habéis modificado el Estatuto, habéis ganado el Mundial, pues ahora suprimimos vuestra Fiesta, que es un símbolo de España”. Y no hay que darle más vueltas. Esas caras que derramaban odio por todos sus poros son un ejemplo de lo que se respira en una parte importante de la sociedad catalana. Es verdad que hay gente normal, que es de Cataluña y se sienten españoles, claro que sí, pero hay una corriente muy intensa que quiere independencia, separación y desprecio. Y los toros pagarán el pato el día 28. Los socialistas se han asustado (en realidad se han cagado) y dejan libertad de voto para quedar bien con esa parte de Cataluña que quiere borrar cualquier signo de España en su comunidad. No han tenido los arrestos de imponer una disciplina de partido. Nada les debe la Fiesta a los del PSOE, incluso me pregunto si las ayudas en Andalucía son sinceras o son una simple pantomima electoralista.

De momento, el toreo tiene que tener claro que si la prohibición llega, de Cataluña no se debe consumir ningún producto en las tierras españolas. Y otro tema, más profundo, es analizar la parte de culpa que tiene el toreo en esta situación. Ya conocen mi postura. Se han hecho muy mal las cosas. La Fiesta necesita un revulsivo que pasa de forma urgente por la vuelta de la pureza. Y la pureza es un toro de verdad y toreros buenos. Pero ese es un tema de otro día. Lo que duele es que por un odio atroz a España, unos políticos de tres al cuarto modifiquen sus votos. Ésa es la libertad y la democracia que algunos practican.
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15 julio, 2010

Ridículo y desprecio en Utrera

Después de muchas incertidumbres, por fin se podrá inaugurar la nueva plaza de toros de Utrera el día 8 de septiembre. Es una gran noticia para la ciudad que es cuna del toro bravo. En el recuerdo, siempre perdurará la antigua plaza, con un sabor único, escenario de grandes acontecimientos y, desgraciadamente, abatida por la piqueta. Hay nueva plaza y es una buena noticia, al margen de las peripecias que se han sucedido en el camino.

El Ayuntamiento, con una lentitud desesperante, ha liberado una partida económica para finalizar la plaza. En cuestiones taurinas, ha nombrado como empresario a Juan Manuel Rodríguez Vélez, a quien le subvenciona con algo de dinero los festejos de la inauguración. El cartel de día grande se conoce hace tiempo: El Fandi, Manzanares y Cayetano. Es un gran cartel para cualquiera plaza del mundo. Sin embargo, es un cartel muy injusto para un torero en activo que no podrá tener el honor de torear en la nueva plaza de su tierra en un día tan señalado. Es Luis Vilches, del que hay que volver a recordar que es único matador de toros en activo de Utrera en estos momentos, además de estar anunciado en agosto en la Maestranza de Sevilla. A partir de aquí, se han producido una sucesión de torpezas y comunicados ridículos que claman al cielo y dejan en evidencia a muchos personajes de la entrañable tierra de Utrera.

El Ayuntamiento debería exigir la presencia de Vilches en el cartel. No hay nada más bonito para una localidad que darle el sitio debido a un hijo del pueblo. Si el consistorio admite que Vilches no pise el ruedo del nuevo coso el día 8 de septiembre, está despreciando de forma lamentable a un paisano, que es un torero muy bueno y más que capacitado para representar a todos los lidiadores utreranos, los de antes y los de ahora. Si no hay una exigencia para su presencia, lo que hay es un rechazo, una ignorancia clamorosa, que indica que los primeros que no valoran a su torero son los políticos de Utrera, capitaneados por su alcalde, Francisco Jiménez, del Partido Andalucista, y al que Utrera no le debe nada en asuntos taurinos, más bien la condena por su escasa disposición para rematar la plaza.

También es lamentable la actitud de Rodríguez Vélez, que para justificar la ausencia de Vilches no tiene otra cosa que decir que “Cayetano es el torero más mediático de la historia”, o incluso tiene la desfachatez de dudar sobre si debe torear el citado Vilches o el retirado hace muchos años Curro Durán, o incluso Cuqui de Utrera, relaciones públicas del Betis. Dice que el cartel es el que le gusta y que lo ha confeccionado porque se juega su dinero. Me pregunto si un cartel con Luis Vilches, Manzanares y Cayetano no llenaría la plaza hasta la bandera. Lamentablemente, Rodríguez Vélez no ha hecho el cartel que le gusta, más bien ha rematado el que le han impuesto otros taurinos.

Lo más desagradable de este asunto es el ridículo comunicado de Tauroutrera. Como me une la amistad con algunos de sus componentes y les he ayudado siempre, con el debido respeto debo decirles que su comunicado es inesperado, sorprendente, absurdo y que le echa tierra por encima al único matador en activo de la localidad. Bueno es llamar a la calma, también es bueno alegrarse porque la plaza pueda inaugurarse y que Utrera vuelva a ser tierra de toros, pero dejar entrever de forma sibilina que “hay otros toreros en Utrera que han soñado con esa fecha” es una puñalada trapera para Vilches, porque, les guste o no, todos los toreros que mencionan (Curro Durán, Domingo Valderrama, Joaquín Díaz, Alberto de la Peña y Rondino) hace tiempo que están lejos de los ruedos. Es como si en Sevilla se celebrara una corrida especial en estos tiempos y en lugar de Morante se pidiera a Curro Romero…El ridículo acaba al comentar que hay muchos toreros en Utrera y que elegir a uno es complicado. Tauroutrera no quiere a Vilches. Ya sabe el buen torero utrerano el apoyo que tiene entre los suyos. Con estos paisanos no le hacen falta enemigos.

Nunca me podía imaginar que se ninguneara a Vilches de esta forma en su tierra. Tampoco me podía imaginar tantas majaderías en distintos comunicados para justificar lo injustificable. No sé si esto tiene arreglo (se podían lidiar 8 toros y asunto concluido). Lo que siento es una rabia interna porque se ha despreciado a un buen torero, que puede torear en la Maestranza y no en la inauguración de la plaza de su pueblo. Le han dejado solo, tanto los políticos como los taurinos, aunque lo más grave es que lo han dejado tirado los aficionados y los profesionales de Utrera, al menos quienes han firmado ese documento de Tauroutrera, que ha confirmado su descrédito porque no ha sido capaz de apoyar al ÚNICO matador de toros en activo de la localidad. Las circunstancias han querido que sea Luis y no otros. Vilches no tiene la culpa. Lo que no tiene es un pueblo que le apoye. Nunca más que ahora me gustaría que triunfara en Sevilla el 15 de agosto.
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12 julio, 2010

El toreo y los sanfermines


Dije en su momento que los sanfermines de este año me parecían interesantes, en contra de la opinión de quienes habían etiquetado los carteles como muy malos. Aún no han finalizado y me reafirmo en mi primitivo diagnóstico. La visión de los festejos pamplonicas me ha confirmado algunas cosas.

El toro de Pamplona, a pesar de su volumen, se mueve más que el de Madrid. También es cierto que en plaza navarra hay menos exigencias. Muchos toros que se lidian con normalidad allí serían devueltos a los corrales en Las Ventas para darle trabajo a Florito. Por tanto, toros que acaban siendo buenos, pero que han flojeado en los primeros tercios, pueden ser buenos en la muleta sin que vuelvan a rodar por el suelo. Los sanfermines ponen en evidencia que en Madrid se echan para atrás muchos toros de forma precipitada.

El desarrollo de los festejos les da la razón a las figuras. En Pamplona, los toreros lo ganan bien, pero la categoría de un triunfo en esta feria es mínima, por no decir que no tiene ninguna. Es una peculiar fiesta, cargada de personalidad, a la que se admite tal y como es porque es una tradición, pero el ambiente de la plaza y el comportamiento de quienes ocupan la solanera, matizada por el pasotismo acompañante de los que se sientan en la sombra, es inadmisible si se analiza con un mínimo de rigor. Las cosas que pasan en Pamplona son incomprensibles desde la óptica taurina.

Recuerdo los triunfos de Diego Puerta, Galán, El Viti y otros que podía ver en televisión hace algunos años. Eran triunfos populistas, pero estaban fundamentados en actuaciones de alto calado ante el toro de Pamplona. Las cosas han cambiado mucho. En esta feria se ha ignorado a toreros frente a reses serias y difíciles, mientras se ha llevado a la gloria algún trasteo bullanguero coronado con un bajonazo. La credibilidad, ante estos detalles, no puede ser menor. Pamplona es un punto culminante de la temporada, pero que nadie se extrañe si las figuras siguen dándole la espalda.

Siento que esta feria queda apenas como un punto de encuentro de taurinos y jóvenes a la búsqueda de aventuras. Por muy famosa que sea la fiesta, como amante de la tauromaquia no puedo aceptar que la visión de una masa bañada en alcohol de espaldas a un matador, que se está jugando la vida ante el toro más grande de la camada, sea parte integrante del toreo. Algunos dirán que éste es sólo un detalle de la festividad, que es una forma de nuestra cultura. Es posible, pero si luego esa masa enloquecida es la que determina quién triunfa y quién no, entonces el juicio no puede ser nunca positivo. El toreo es una emoción, es un sentimiento, puede ser muchas cosas, pero lo que ocurre todas tardes en la plaza pamplonica no encaja en mis conceptos del toreo.
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04 julio, 2010

La función de la crítica de toros

La crítica es una de las parcelas más interesantes del periodismo. Es muy atractiva para los medios de comunicación y para los lectores. En general, la crítica se ejerce sobre los espectáculos y materias artísticas. Las páginas dedicadas a la cultura y los espectáculos, así como los suplementos culturales semanales, son los espacios donde la crítica se desarrolla con una mayor intensidad. También abundan en cualquier tipo de revistas, especialmente en aquellas especializadas en el arte y la cultura. Existen distintos tipos de críticas en función de la temática que abordan: crítica literaria, crítica cinematográfica, crítica teatral, crítica musical, crítica de arte (pintura, escultura y arquitectura). Como no podía ser de otra forma, el toreo también ha sido objeto de la crítica desde sus comienzos.

Conviene recordar algunos aspectos de la crítica. Pare ejercer como crítico se deberían reunir algunas cualidades, como una gran afición y sensibilidad por el arte juzgado; un profundo conocimiento del mismo, y, finalmente, unos sólidos criterios propios.

La edad de oro de la crítica taurina acontece al final del siglo XIX y los comienzos del XX. Son tiempos en los que aparece el término crónica taurina, que incluye la descripción detallada del espectáculo y la opinión crítica del autor. El poder de las críticas era absoluto. De una buena o mala crítica podía depender el futuro de un torero. Ese poder absoluto se ha prolongado hasta hace poco tiempo. De hecho a finales del siglo XX aún tenía una enorme importancia el juicio de los críticos taurinos. Hasta esas fechas funcionó el soborno al crítico, una realidad incuestionable que se traducía en que una parte de los presupuestos de un torero estaba destinado a comprar a los críticos. Ha perdurado de manera generalizada hasta hace unos veinte años, aunque no de forma universal, ya que evidentemente siempre ha habido escritores de toros insobornables.


El soborno a la crítica se ha mantenido con formas distintas en nuestros días. Del famoso sobre se ha pasado a otro tipo de compra más sutil y menos degradante, sólo en apariencia, en la que se compran a los críticos a cambio de exclusivas, regalos lujosos y otras prebendas, con la nota de que ahora, ante la inexistencia del sobre miserable, se ha establecido el pago por temporadas completas, lo que elimina intermediarios, apoderados y personajes que arreglan a la prensa.


En nuestros días, el papel de la crítica se ha modificado de manera llamativa. Es evidente que una crónica ya no influye de forma decisiva en la trayectoria de un torero o una ganadería. Ahora, cuando los medios de comunicación son diferentes por su velocidad para llegar a los receptores (aficionados) y por la aparición de la imagen casi instantánea en los ordenadores, la crítica tiene un lugar diferente, no diría que accesorio, pero evidentemente de menos trascendencia que antaño. Este poder ha llegado incluso a desvirtuar al crítico por su nombre y sólo se menciona a los medios. Se tiene en cuenta lo que dice un medio determinado, aunque muchas veces no se sabe quién es autor.


A pesar de la llegada de la red como sistema de mayor difusión para el mundo de los toros, los tradicionales medios de comunicación han mantenido la información taurina, aunque ciertamente con diferente dedicación. Así, los medios escritos siguen con su información y publican crónicas, mientras que la radio y la televisión han bajado en cuanto al tiempo que se ofrece para la Fiesta. Este aspecto, que merece un análisis más profundo, es altamente significativo. Las radios de difusión nacional se conforman con sus habituales espacios semanales en la noche de los domingos. Algunas radios de ámbito nacional han eliminado la información de toros de su parrilla. El asunto de la televisión es sobradamente conocido. La televisión pública nacional ha eliminado la retransmisión de las corridas. Se limita a un programa de 30 minutos a la semana al que no respeta cuando coincide con otro espectáculo de mayor atractivo (según los programadores). Las autonómicas se mantienen en buen nivel en cuanto al tiempo que le dedican a la Fiesta (otro asunto en cómo se hace la información). Las locales andan buscando su sitio tras la llegada de la Digital Terrestre (TDT).


Por tanto, la crítica de toros de siempre, la de la prensa escrita (ahora ampliada a la red) ha perdido capacidad de influencia. A nadie debe extrañarle esta situación. Además de los factores apuntados, la propia diversificación de las crónicas ha espesado el mapa. Se siguen valorando las crónicas de determinados periódicos, por mucho que ya no tengan la capacidad de modificar los contratos ni el futuro (para bien o para mal) de los protagonistas. No se debe caer en el error de cuestionar a los críticos por su divergencia de opinión. Sería muy aburrido leer cinco crónicas con el mismo prisma. La queja de que después de leer un texto algunos llegan a pensar que no han estado en la misma corrida carece de valor. El lector debe buscar al crítico que sintoniza con sus criterios y seguir sus informaciones. En la diversidad está la riqueza de este género periodístico.


Tal vez sea el momento de reflexionar sobre los motivos de la pérdida de influencia de la crítica. Sería bueno recordar lo que se le debe exigir a un crítico de toros: afición y sensibilidad, conocimiento profundo de la materia y criterios sólidos personales. Habría que añadir más. El estilo es importante. Se supone que quienes ejercen la función crítica saben escribir, con más o menos brillantez, pero que están cualificados para escribir de forma correcta. Hay otro aspecto nada desdeñable. Al crítico, incluso al simple informador, hay que exigirle que informe, que forme y que entretenga. Aquí estamos llegando al meollo del problema actual. Cada cual informa de lo que sabe con su mejor voluntad. También soslayo lo de entretener, que es fundamental, pero que es una condición personal de cada crítico. Para entretener en un texto escrito hay que saber escribir y hacerlo con un estilo adecuado que enganche al lector. En medios audiovisuales, para entretener hay que tener unas dotes especiales que no todos llevan en su genética. ¿Y la formación? ¿Quién está capacitado para formar a los destinatarios de las crónicas y las informaciones? En este punto quiero unificar a la información y a la crítica, que no es lo mismo exactamente, pero que tienen puntos comunes. En la información y en la crítica se puede opinar. Es la personalidad de cada crítico, que aportará sus sólidos criterios personales, la que debe sobresalir para formar a los lectores. La formación de los públicos de toros exige que tengan acceso a textos y opiniones formadas que sean capaces de solidificar los criterios de quienes acuden al espectáculo taurino. Si los públicos, por el mero detalle de pagar, tienen reservado un papel importante en el desarrollo de la corrida, mejor será que están formados a través de quienes por su afición, dedicación y conocimiento profundo del toreo ejercen labores de información y crítica.


Se podría pensar en este momento que la falta de influencia de la prensa taurina está justificada por la misma situación de la fiesta. No se trata de insistir sobre el delicado momento del toreo. La tauromaquia ha perdido la situación de privilegio que tenía en España durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. Este análisis justificaría otro texto. La realidad es que los toros han perdido capacidad de convocatoria. De un lado, la sociedad ha derivado a unos posicionamientos de defensa de los animales que no ayudan al toreo. En aras de un falso ecologismo, se han desarrollado campañas feroces en contra. Sin entrar en detalles, nadie ama tanto al toro como los protagonistas de la Fiesta y los aficionados. El toreo no ha sabido venderse. Se ha dormido en sus laureles. Así hemos llegado a un momento crítico. En esta vorágine, las corridas se contemplan por muchos como un espectáculo típico que forma de las celebraciones de cada localidad. Hay fiestas que no se conciben sin los toros, y ahí están, superviviendo con un número variable de asistentes y muy pocos entendidos en los tendidos para emitir juicios sobre lo que ocurre en el ruedo. Hay menos aficionados que conozcan los entresijos de la corrida. Para colmo, quienes son los protagonistas y tienen el toreo en sus manos (toreros, ganaderos, empresarios, políticos y gentes del toro en general) no se han preocupado de divulgar la grandeza del toreo, sino que se han entretenido en manipular y deteriorar los festejos, que en lugar de seguir siendo un encuentro de emociones, ahora son espectáculos altamente cuestionados por culpa del toro manipulado que se suele lidiar, por el propio desarrollo de la corrida y porque se ha minimizado esa sensación necesaria de que los lidiadores son unos héroes. Seguro que alguien pensará que el peligro siempre está presente. Es evidente, pero tampoco se podrá negar que ahora se suceden festejos de mínimo contenido. Se ha llegado a un toro que casi siempre da lástima por su escasa movilidad. También alguien dirá que el toro de ahora es el más bravo de la historia. No es lugar de entrar en ese análisis. Sólo hay que dejar constancia de que la mayoría de las corridas de nuestros días apenas tienen emoción. Es el logro de los taurinos. Estos detalles, junto a los ya reseñados, han logrado que la corrida haya perdido intensidad y que el lugar de la fiesta en la sociedad actual sea muy diferente al del pasado.


Nadie debe asustarse. La fiesta es muy grande y soporta muchas cosas, incluso a quienes desde dentro la han desvirtuado. Ha bajado su presencia en la sociedad, pero persistirá por siempre, salvo que se multipliquen de forma desaforada estos ataques internos. Se impone una regeneración moral del toreo, sobre todo de sus protagonistas, que deben unir sus fuerzas para lograr un nuevo marco. Algunas iniciativas loables como la Mesa del Toro lo han intentado, pero entre las asociaciones que la conforman hay intereses muy divergentes. Algunos, aunque parezca imposible, están muy satisfechos con la situación actual porque les permite seguir logrando muchos beneficios. Una buena parte de la afición está esperando que la Mesa realice una declaración de intenciones para defender la pureza del toreo o para condenar, por ejemplo, la utilización de las fundas, que pueden ser una forma solapada de manipulación de las astas. Ello implicaría la condena de muchas ganaderías, que son parte esencial de la Mesa del Toro.


A pesar de todo, la Fiesta es consustancial a España y debe mantenerse. Para conseguirlo, hay que cuidar a quienes acuden a las plazas, no hay que preocuparse de la bajada de asistentes, hay que intentar ofrecer un gran espectáculo, porque sólo la pureza del toreo la mantendrá viva en la sociedad. La mejor propaganda de la corrida es la fiesta presentada con integridad y con su mayor pureza. Si continúa como en nuestros días, el camino puede ser irreversible. A las plazas deben acudir quienes se sientan identificados con la tauromaquia, aquellos que quieran conocerla a fondo, y no habrá entonces mayores problemas. Pero hay que hacer una gran Fiesta.


Y en este apartado hay que volver al papel de la crítica como parte esencial del mantenimiento de la llama del toreo. La crítica está como la propia fiesta. En algunos sectores, ante el momento delicado que se vive, se considera que es preferible obviar la realidad y se dedican al elogio permanente sin entrar en ningún detalle, sin valorar al toro ni al torero, que siempre son buenos o están muy bien. Esta posición es bastante frecuente. La tesis de algunos es que la mejor forma de ayudar al toreo es aparcar la crítica de los aspectos negativos. Estas tesis contaminan a los públicos que carecen de la adecuada formación, que se han contagiado del todo vale de algunos sectores críticos. Algunas comunidades, como Andalucía, son un ejemplo de información sin crítica, la todo el mundo es bueno, que lentamente se ha implantado en sus plazas de toros. Hay poca influencia de la crítica, pero la que hay es altamente perniciosa por la carencia de objetividad y realismo.


La crítica de toros debería volver a tener un lugar preeminente en la Fiesta. La profusión de medios enturbia el panorama. Escasean los informadores y críticos con afición, conocimientos y personalidad. Quienes acuden a las plazas ya no se informan por las opiniones de los críticos influyentes. Así las cosas, los cosos se llenan de personas con buenas intenciones pero muy poca formación. Sería preciso filtrar a quienes tienen acceso a los medios de comunicación. La proliferación (sobre todo en la red) ha propiciado que haya una cantidad ingente de críticos, muchas veces carentes de esas cualidades enunciadas para poder ejercer la función crítica. Si la crítica ganara credibilidad, los públicos que acudirían a las plazas estarían mejor preparados. Así, por ejemplo, nunca se pediría el indulto para un toro que no ha cumplido con los mínimos en el tercio de varas. Sin embargo, esos indultos se piden, entre otras cosas, porque quienes tienen el sagrado deber de formar a los aficionados consideran que el indulto es una siempre maravilla, aunque no se plantee un análisis serio sobre las condiciones reales del toro indultado. El indulto es la bandera que algunos enarbolan para defender al toreo. Hay aspectos de la corrida que deberían ser innegociables, como este del indulto o la concesión de trofeos. En tanto no se unifiquen estos criterios, con los problemas que hay en el toreo, con estos salvadores infatigables que cantan que todo el mundo es bueno, la afición estará cada vez más deformada. Y sólo el conocimiento, y por tanto la exigencia de integridad y pureza, podrá salvar a actividades como el toreo que viven momentos de incertidumbre en cuanto su futuro.
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Algeciras

El coso de Las Palomas de Algeciras tiene solera, tradición y afición. Así lo puedo atestiguar después de más treinta años asistiendo a...