30 agosto, 2011

Almería vuelve a ser la mejor de segunda

La Feria de Almería ha vuelto a ser lo que fue hace tiempo: una de las mejores ferias de plazas de segunda de España y, sin ninguna duda, la mejor de Andalucía. Para que ello sucediera sólo ha sido necesario que saliera el toro de nuevo, el mismo que ha estado ausente algunos años del coso de la avenida de Vilches. La casa Chopera ha sabido buscar las ganaderías que podían embestir y, salvo la corrida de El Tajo y La Reina de Joselito, todas han estado presentadas de forma correcta y han embestido. Ello ha sido la causa de que esta Feria haya sido un bálsamo para el aficionado, porque al margen de las 35 orejas y un rabo se han podido ver embestir a muchos toros y faenas de alto calado.

Ya puestos a poner algunas objeciones es evidente que ese detalle de las 35 orejas y el rabo son una verdadera exageración. No era preciso regalar tantas orejas para que el ciclo fuera de alto nivel. Han sobrado más de la mitad de los trofeos. El público pide sin recato y sin conocimiento, y el palco lo concede todo. Afortunadamente, el buen hombre que ha hecho las veces de presidente estos años se marchará y dejará su puesto a otro.

No perderá la feria almeriense ninguna categoría porque las orejas se ajusten a la realidad de lo ocurrido en el ruedo, aunque ello conllevará broncas sonoras a quien presida. Es cuestión de educar a los públicos. Este aluvión de orejas no es bueno. Desde otras latitudes, cuando ya finalizada la corrida comentábamos los resultados finales y decíamos que habían sido cinco orejas, un ligero pitorreo era la respuesta de nuestro interlocutor. Es decir, que este empacho de orejas le resta credibilidad a lo sucedido en el ruedo. Todos piensan que Almería es un desmadre y nadie se cree nada. Este año, a pesar de las 35 orejas y del horrible presidente, la Feria de Almería ha sido de alto nivel.

Hay otros aspectos que deben destacarse. La corrida del viernes 26 fue sensacional. La mejor que he presenciado este año en Andalucía. Fue tan buena gracias a un encierro de Garcigrande de gran categoría. Es inadmisible que en algunos escritos se haya comentado que fue una corrida mal presentada. Y es inadmisible utilizar fotos para devaluar lo que fue un enorme espectáculo en la plaza. Es una mezquindad impropia de gente seria.

El tema de la prensa local es siempre peliagudo. En Almería, también. Y el asunto de dos toreros locales es de verdadera locura. Son pocos y mal avenidos. Los partidarios de Ruiz Manuel intentan descalificar a Torres Jerez por sistema, y viceversa. Y la prensa local se suma al carro. O bien pretende vender los triunfos de los locales como un pasaporte para que ocupen puestos de mayor entidad en otras plazas y hablan de injusticias y cosas parecidas. Es el problema de los localismos. Este año quien ha estado bien ha sido Ruiz Manuel. No todos le cantaron en su justa medida.

Otro asunto curioso es que aficionados y críticos de Málaga traten de restar importancia a lo que sucede en Almería. En algunos casos me duele porque son buenos aficionados. Son comportamientos catetos. Málaga es de primera y está en otra dimensión, pero parece que algunos sueñan con que vuelva a segunda. Es otro tema digno de análisis. Los aficionados malagueños no deben descalificar una gran corrida en Almería, como si escociera después de la horrorosa feria vivida en La Malagueta. Ser plaza de primera conlleva presenciar un tipo de festejos de otra entidad, donde el toro es distinto y las exigencias mayores.

Por tanto, una gran feria que ha confirmado que los empresarios de siempre son respetados y siguen siendo una garantía. Chopera lo ha entendido y ha devuelto a la plaza de Almería a su sitio de siempre, aunque haya gente del toro, y algunos de Almería, que parecen dolidos por este triunfo.  

22 agosto, 2011

Málaga, una feria mediocre e injusta

La Feria de Málaga de este año finalizó con el triunfo del rejoneador Diego Ventura. El conjunto del ciclo malagueño ha sido pobre y durante el mismo se han vivido situaciones muy injustas. La UTE de Fernando Puche no ha podido culminar su gestión a lo grande. A ello hay que añadir la deficiente actuación de la autoridad, culpable en muchas ocasiones de lo sucedido en la Feria. En lo taurino, sólo hay que destacar a Antonio Barrera, Manzanares, Ponce y a Salvador Vega. De las ganaderías, la buena presencia de algunas corridas, como Guardiola y Pereda, pero no hubo bravura. Destacaron algunos toros sueltos y hubo percances graves que tiñeron de rojo esta Feria.

La empresa

Dejó los carteles en manos de Javier Conde y, aunque sobre el papel había mimbres, la realidad es que era una feria incompleta, con el detalle añadido, además de poco elegante, de que el mismo empresario se colocó en dos carteles de lujo. La empresa ha presentado corridas muy desiguales. Es verdad que subió la presentación de algunos encierros, pero en los que actuaban las figuras el toro fue terciado para una plaza de primera. No ha tenido muchos problemas de sustituciones. Se cayeron Cayetano y Hermoso y no se contrató a nadie. Fue un error mayúsculo el anuncio de tantas mixtas con rejoneadores y novilleros. No pintaba nada Rui Fernandes en la del 18, tampoco Manuel Manzanares en la del 15, como era muy extraña la forma de despedir a Jiménez Fortes en una nocturna casi clandestina. Lo de las nocturnas es un atraco a mano armada para los aficionados que sacan el abono. Se va la empresa sin poder cumplir su promesa de subir el nivel del toro, ya en su presentación global, ya en su juego. Y la empresa ha permitido la desigualdad de presencia de los encierros. También es culpable del pésimo juego de las reses, porque muchas de ellas no tenían prestigio para lidiar en Málaga. Lo barato es caro.

El ganado

Las corridas de los modestos tuvieron hechuras de plaza de primera, mientras que en las que actuaban las figuras eran corridas de plaza de segunda. Es una de las grandes injusticias de la Feria. Especialmente lamentable fue ver en la tarde del viernes la corrida de Sorando por la tarde para Conde, Morante y el Juli, para dos horas después presenciar la salida nocturna de los galafates de Los Recitales.
Estuvieron mal presentados, en general y con algunas excepciones dentro de cada corrida, los toros de La Quinta, La Palmosilla, Juan Pedro, Capea y Sorando. Fue buena de presencia la de Santiago Domecq. Excelentes las de Guardiola, Peñajara, Pereda, Recitales y Montecillo, sólo que estas corridas estaban destinadas a carteles de toreros de segundo nivel.
El juego del ganado fue pésimo en general. Se salvó la corrida de Guardiola por algunos toros sueltos. No fueron ni bravas ni encastadas las de Peñajara y Pereda. Chicos y deslucidos los de La Quinta. Desastre de La Palmosilla y Capea, ésta muy mansa. La de Juan Pedro, muy manejable, según algunos incluso buena, pero no es el toro que requiere la Fiesta actual para que vuelva la emoción. La Santiago Domecq, desfondada, mientras que tampoco fue buen a la de Sorando. Los toros destacados de este ciclo fueron Telito, primero de Guardiola que toreó Antonio Barrera el día 12 de agosto; Castañero, tercero de La Quinta, que lidió Manzanares el día 15 de agosto; Madroñero, de El Torero, lidiado como sobrero el día 16 de agosto por Rivera Ordóñez, y Figurón, cuarto de Juan Pedro del día 17 lidiado por Ponce. Muy poca cosa.

Los toreros

Se cortaron 13 orejas con las cuatro de Diego Ventura en la corrida final. El balance fue Manzanares, tres orejas, Enrique Ponce, dos orejas; Antonio Barrera, una; Daniel Luque, una; El Juli, una, y Salvador Vega, una. Se suman las cuatro de Ventura y están las 13 des esta larga Feria.

De estas orejas sobraron la mitad. Manzanares se llevó una de regalo en su segunda tarde, lo mismo que la segunda de Ponce. Orejas de poco valor para Luque y El Juli, mientras que los trofeos de Barrera y Vega fueron logrados por actuaciones de mérito.
Manzanares es el triunfador numérico y real de Málaga. Estuvo bien, aunque se sobrevaloró todo lo realizado. Buen  faena de Ponce a un dulce Juan Pedro, no fue una labor completa y tampoco merecedora de dos orejas. Cumplidores Luque y David Mora. Muy bien Antonio Barrera. El Juli, algo cansado y rutinario. Entonado Salvador Vega. Fandiño, heroico con uno de Los Recitales. Del resto, poca cosa. Detalles de oro puro de Morante. Javier Conde protagonizó el petardo sonoro de la Feria.

Hubo heridos, como Víctor Puerto, Fandiño, César Jiménez y los banderilleros Luis Miguel Collado y Alejandro Escobar. De los novilleros, poca cosa. Jiménez Fortes estuvo desdibujado en su despedida en la nocturna del sábado. En rejones, sólo Diego Ventura.

La autoridad

Málaga ya es plaza de primera, pero la realidad es bien distinta. El público no se comporta como tal, pero no es culpable porque no está educado en materia taurina. Quieren música y orejas y solo con estos aditivos disfrutan. Para que este público se eduque es necesario que haya una autoridad que marque un camino con constancia y firmeza, para que todos sepan cual es la línea de seriedad de una plaza con sello de primera. Esa autoridad no existe. En los corrales se permiten toros impresentables, se sortea a horas inadecuadas por los caprichos de los taurinos, se está al servicio de triquiñuelas y se olvida al aficionado. En la plaza se permiten actuaciones impropias de cosos serios y se dan orejas absurdas con peticiones al límite. Un auténtico desastre que este año ha tenido como protagonista negativo a Ildefonso Dell´Olmo, que  ha cuajado una feria para pensar en dejar el palco, porque probablemente está convencido de que lo ha hecho bien. Ana María Romero ha estado a un nivel superior en este ciclo.
Entre los detalles anecdóticos de la autoridad de esta plaza hay que consignar que algunos delegados deambulan por el callejón a sus anchas hablando con los lidiadores y advirtiéndoles sobre lances de la lidia. Alguno se coloca detrás de los banderilleros en el burladero de la segunda suerte cuando tienen delante un toro, al tiempo que les hablan. Es algo descabellado y nadie le dice nada.

Más detalles

Decíamos que la Feria ha sido mediocre. El mal juego del ganado ha sido clave. Sin embargo, ha sido injusta. En los festejos nocturnos se han soltado toros de presencia impresionante, lo que unido a sus malas intenciones, ha condicionado que los más modestos se la hayan tenido que jugar de forma admirable, pero de manera injusta cuando poco antes habían  sido lidiado novillotes por la figuras. Está bien el toro bien presentado, pero para todos. La música no tiene arreglo. Toca bien pero siempre y casi nunca con motivos. No tiene sentido ser plaza de primera con una banda que lo ameniza todo. La afición y los propios toreros la mandaron callar en varias ocasiones.
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10 agosto, 2011

Yo estuve en Huelva el 6 de agosto

No estuve en El Puerto y no voy a tirarme de la Giralda por esta ausencia, ni me arrepiento de haber estado en Huelva. Claro que me hubiera encantado estar en la Plaza Real, porque ya en el mano a mano entre Morante y Manzanares de Jerez se veía venir que, a poco que los toros ayudaran a los artistas, la corrida sería inolvidable. Y como ambos estuvieron inspirados y los de Cuvillo cumplieron el guión previsto, se vivieron escenas inolvidables. Todo esto es cierto, pero no voy a admitir ni una muestra de pesar por parte de los que allí estuvieron, que dejan entrever que mientras ellos acertaron los demás fuimos unos pardillos al irnos a Huelva.

Este asunto tiene varias lecturas. Por parte del aficionado que paga su entrada, su elección era libre y la mayoría se fue camino de El Puerto. Hay otro grupo de personas, los que se encargan de la información y la crítica taurina, que eligieron entre Huelva y El Puerto. El asunto es de una claridad meridiana. Desde el punto de vista periodístico, las ferias deben ser cubiertas en su totalidad por los informadores. Es poco serio ir a ver a José Tomás el 3 de agosto y largarse el 6 para ver a Morante en El Puerto.

En mi caso, consultados los directores de los medios en los que colaboro, la decisión se tomó en el sentido de atender a las Colombinas en su totalidad, con el añadido de que en La Merced estaban anunciados el sábado 6 de agosto El Juli, Perera y Talavante, casualmente también con una corrida de Cuvillo.

Como no estuve en El Puerto no puedo juzgar la corrida de Cuvillo de dicho festejo. La de Huelva fue excelente con dos toros enormes, primero y segundo, que además de casta tuvieron bravura y nobleza. Es decir, dos toros que se acercaron a la perfección del toreo moderno. El propietario de los toros admitió que sabía que algunos toros de Huelva desarrollarían más casta brava que los de El Puerto.

Es necesario afirmar que la actuación de El Juli y Perera ha quedado algo ensombrecida por la corrida portuense, pero también debe hacerse justicia porque lo que hicieron en La Merced se inscribe entre las mejores faenas de ambos en la temporada, como si el hecho de que la atención se hubiera desviado a otra plaza les hubiera espoleado para estar a tope. La corrida de Huelva ha sido de las mejores del año, y es toda una casualidad feliz que en menos de 60 kilómetros de distancia, en línea recta, se celebraran dos acontecimientos de los más celebrados de este curso de  2011.

Por tanto no estuve en El Puerto y me lo perdí, algo que siento en lo más profundo de mi ser como aficionado. Pero los que estuvieron en El Puerto se perdieron la de Huelva, que fue otra corrida histórica. Y de paso quiero recordar que mi elección tuvo alguna lógica. Como critico de El Mundo en Andalucía me sentí reconfortado porque los titulares de ABC de Sevilla y El País estuvieran en Huelva. En ellos había prevalecido el sentido del deber y la información seria. Cambiar de plaza para ver lo más agradable, sobre el papel, no deja de ser una frivolidad.
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01 agosto, 2011

El efecto José Tomás

 José Tomás reapareció en Valencia hace ya diez días. Como sólo he podido ver las imágenes, me parece más prudente no opinar sobre su actuación. Lo que nadie puede poner en duda es su tremendo impacto taquillero, taurino y social. Esa movilización de aficionados y seguidores del torero es un maná bendito para la fiesta. Quien no quiera verlo así es muy ingrato para este arte del toreo. Es verdad que muchos de los que acuden a ver a Tomás de forma única y exclusiva (no acuden a ver a otros toreros) no son buenos aficionados, pero sí es verdad que una gran mayoría de los que acuden a verlo también van a otras corridas en las que el de Galapagar no torea. Su impacto taurino, social y económico es una realidad fácilmente comprobable.

En materia estrictamente taurina, por lo visto en las imágenes, Tomás mantiene sus constantes. Valor a raudales, personalidad y emoción a tope. Se le ha notado la ausencia prolongada de los ruedos. Es como si un futbolista no juega quince meses por una lesión. Nadie le exigirá el cien por cien en el primer partido. De hecho, cuando tal cosa ocurre salen a jugar unos minutos en la segunda parte. Tomás ha salido con una corrida de toros seria en una plaza de primera. Sólo un torero puede hacer una cosa así, pero mucho más si se llama José Tomás. Se espera que en las próximas corridas, ya lejos de la presión de una corrida tan especial como la de Valencia, el torero se muestre en plenitud y se puedan comprobar esas pequeñas innovaciones que apuntó, como la manera de cargar la suerte en chicuelinas y manoletinas.

Las reservas expresadas en otras ocasiones siguen en pie. Es una pena que los carteles en los que se anuncia sean tan mediocres, o mejor dicho, que sean carteles en los que faltan los toreros que han estado en primer plano en los últimos años. Con relación a las plazas en las que se anunciará, se admite que sean elegidas, pero nadie entendería que en 2012 no hiciera una temporada con paseíllos en las mejores plazas: Sevilla, Madrid y Bilbao. Otra cosa sería motivos de críticas, que podrían estar justificadas ya que los grandes toreros deben torear en  los grandes escenarios.

Estamos en puertas de la llegada a Huelva. Se han desbordado todas las previsiones en cuanto a número de abonados, petición de entradas, medios acreditados, en fin, que todo está preparado para la segunda de Tomás y primera en Andalucía. La segunda será en Linares el 29 de agosto. Será una corrida diferente a la de Valencia, con menos tensión ambiental, con un público igual de predispuesto a facilitar el triunfo, con una corrida distinta a la del 23 de julio. Se lo contaremos.


El caso José Tomás se ha convertido en un fenómeno que no permite un juicio solamente taurino. Y todo es bueno, pero también es bueno llegar al equilibrio para juzgar al torero con arreglo a la plaza en que actúa, al toro que lidia y con lo que supone tan larga inactividad. Ni pasiones desbordadas con fanatismo acérrimo, ni tampoco ataques furibundos con prejuicios para tirar por tierra lo que todo el mundo puede ver con facilidad. Sólo un detalle. El día anterior de la reaparición valenciana del diestro de Galapagar torearon en Valencia tres toreros de fuste máximo: Ponce, El Juli y Manzanares. Era su ocasión para dejar su pabellón alto, para ello hubiera sido ideal que lidiaran una corrida seria. Si serán torpes, ellos o mejor sus mentores, que lidiaron una gatada chica que los dejó en evidencia. Al día siguiente Tomás se puso delante de los padres de los que mataron las mencionadas figuras. No se puede ser más torpe.
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El público y la pasión

Los aficionados gozamos con las películas taurinas antiguas. Es cierto que muchas veces nos quedamos sorprendidos porque el toreo de la...