27 mayo, 2017

Córdoba


Existen dos plazas de toros en Andalucía que no están en su mejor momento. Son las de Córdoba y Jaén. Ambas vivieron ferias esplendorosas, tal vez infladas en su momento, pero en las que tanto el coso cordobés como el jiennense abrieron sus puertas para celebrar festejos con carteles de gran categoría. Jaén merece un análisis más detallado cuando se acerque San Lucas, ahora quiero pensar en el coso de Los Califas. Córdoba es ciudad capital del mundo del toreo por su historia, es plaza de primera categoría y vive unos momentos en los que es necesario que el aficionado y la empresa recapaciten sobre el presente y el futuro.

La Feria del pasado año, con una sola corrida, marcó el mínimo de Córdoba. No se trata de anhelar las ocho corridas que llegó a organizar Paco Dorado hace años, se trata de encontrar la media de una plaza que debe volver a sentirse importante en el circuito nacional. Este año se ha subido a dos corridas de toros y una de rejones, además de una becerrada, con carteles muy buenos, pero todavía me parece poco.

Además, este año se conmemora en la Fiesta el centenario del nacimiento de  Manolete, lo que va a tener más resonancia en el ámbito cultural que en el propiamente taurino. La FIT se ha involucrado en distintos eventos, como el documental sobre el grandioso torero cordobés, pero hasta el mes de octubre habrá conferencias, presentaciones de libros y tertulias con Manolete como protagonista. 

Falta una corrida grande, especial y diferente en homenaje a Manolete. Esa corrida se puede celebrar en los que resta de año y estoy convencido que la empresa no dejará caer esta recomendación en saco roto, pero también es necesario que la sociedad cordobesa, que ha asistido a la plaza de forma masiva en determinados festejos en otros tiempos, se muestre predispuesta a asistir a un magno acontecimiento, de forma que la plaza se llene hasta la bandera para rendirle homenaje a quien paseó por el mundo el nombre de Córdoba y que es un pilar fundamental de la historia del toreo.

El primer paso es que la gente acuda en esta próxima Feria de Nuestra Señora de la Salud, porque los carteles son atractivos y así le demostrará a la empresa que se puede hacer un esfuerzo para devolver a Córdoba al ciclo de las grandes ferias de la temporada.

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19 mayo, 2017

La suerte de varas


La dinámica del tiempo nos ha llevado de la Feria de Sevilla a San Isidro sin solución de continuidad. La noticia está en Las Ventas, donde cada tarde se jugarán su futuro los matadores anunciados. Pero no está demás que desde este púlpito echemos una mirada a Sevilla, entre otras cosas porque los problemas del toreo en la ciudad andaluza pronto aparecerán en Madrid, si no están ya instalados.

De todo lo sucedido han tenido cumplida información. Lo que me parece preocupante es que nuevamente se ha comprobado que la suerte de varas está en peligro de muerte. De todos los toros lidiados en Sevilla, apenas a una docena se les ha picado con arreglo a los cánones. La escasa pujanza del toro obliga a muchos lidiadores a solicitar a sus picadores que cuiden del animal y que levanten el palo. Muchos toros no se han picado en la Feria.

Hay un grupo de aficionados que se excita cuando a un toro se le coloca bien en suerte para que se arranque al caballo. Pero son los menos. La plaza ha aplaudido a los picadores porque no han picado. A eso se le llama ahora dosificar la suerte. La masa anula a los pocos aficionados que asisten a los tendidos y esos aplausos dedicados a quienes han omitido uno de los momentos más bellos de la corrida son un castigo a los que están educados en otro tipo de Fiesta.

Bendito sea el público que llena las plazas de toros, al margen de sus conocimientos, porque ellos están contribuyendo a mantener este espectáculo. Ese mismo público ocasional se ha emocionado cuando un toro ha acudido como bravo al caballo. Por tanto, es cuestión de hacer una Fiesta bien hecha para que prevalezca la pureza.

En Sevilla ha habido muy pocos picadores que hayan practicado la suerte de verdad. Estoy impaciente por comprobar si en San Isidro se mantiene el tercio de varas con un mínimo de dignidad. Si se ponen los toros en el sitio para que se arranquen al caballo. Si los picadores hacen la suerte. En definitiva, si los toros se pican o no. Dicen que el toro actual no permite dos puyazos en regla. Si es así, es una mala noticia. A los primeros que les interesa la supervivencia de la suerte de varas es a los picadores, aunque comprendo que deben obedecer al jefe de filas. La suerte de varas languidece. Que no se muera, por favor. 

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11 mayo, 2017

La Feria del 67


Dice mi amigo Luis Carlos Peris que la del año 1967 es la mejor Feria de Abril de Sevilla que recuerda. Si lo dice quien posee una memoria tan prodigiosa seguro que la del 67 fue un ciclo para el recuerdo. He buscado mis archivos y lleva razón. Se anunciaron diez corridas de toros en la feria, desde el día 15 al 24 de abril.

Una Feria en la que se produjeron, entre otras muchas cosas, el debut de Francisco Rivera Paquirri, la apoteósica reaparición de Antonio Ordóñez, la gloria y tragedia del incomparable Juan García Mondeño el domingo de preferia y la última lección que el grandísimo Rafael Ortega dictó en el albero del Baratillo.

Igualmente, en esa inolvidable feria sucedió la anécdota de un paseíllo el 18 de abril con solo dos toreros, Puerta y Paquirri, porque el tercero, nada menos que Manuel Benítez El Cordobés, llegó tarde a la plaza. También fue la última feria de Miguel Báez Litri, que combinó triunfo y enfermería. Y, como añadido, fue la feria de Curro Romero, que triunfó en sus tres tardes, la última de ellas con salida por la Puerta del Príncipe.

En los carteles había nombres que ahora, al cabo de los cincuenta años, nos llenan de nostalgia y, otra vez, nos plantean si no es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor. Fue diferente. Pero les recuerdo nombres de aquel ciclo: Diego Puerta, Mondeño, José Fuentes, El Pireo, Zurito, Rafael Ortega, Curro Girón, Litri, Antonio Ordóñez, Jaime Ostos, El Cordobés, Paquirri, Andrés Hernando, Victoriano Valencia, Palmeño, Curro Romero… Una constelación de estrellas del toreo.

En aquella feria de 1967 hubo muchos triunfos con ganaderías como Benítez Cubero, Núñez, Fermín Bohórquez, Urquijo, Álvaro Domecq, Miura… Era todo distinto a estos tiempos. Los encastes de Murube y Núñez eran los preferidos. En esa feria cada tarde hubo un suceso memorable. El toro se movía mucho más y la emoción se hacía presente todos los días en la Maestranza. La plaza se llenaba de aficionados a los que les encantaban los éxitos de los matadores.

Fuera las nostalgias absurdas. Sin embargo, no sería  malo que muchas cosas volvieran a ser como hace cincuenta años. Algo hemos hecho mal cuando ahora nos conformamos con dos o tres faenas sueltas y algún toro más encastado en un ciclo como el sevillano. 

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02 mayo, 2017

El toreo de capa


Se comenta que el toreo de capa se está perdiendo. No pienso lo mismo. Es cierto que en estos tiempos es difícil que el espectador disfrute de un tercio de quites a cargo de los tres matadores. También es verdad que el toreo con el capote se ha diversificado con distintos capotazos en los que suele faltar la verónica, que es el lance fundamental. Se dice que las orejas no se cortan con el capote, pero tampoco es cierto. Para cortar las dos orejas a un toro en la Real Maestranza se ha debido torear bien de capa.

La verónica es el fundamento. Antes, el torero puede haberse ido a portagayola para recibir al toro de rodillas con una larga, o bien la ha realizado en el tercio. El saludo de capa siempre debe incluir la verónica. El momento de la variedad llega con los quites. Hay muchos lances con el capote que adornan ese momento de la lidia. Pueden ser chicuelinas, gaoneras, lances por delantales, navarras, tafalleras, zapopinas, cordobinas, caleserinas, orticinas, faroles, saltilleras, rogerinas, tapatías, el quite de oro, el de la mariposa… Es todo un muestrario único y variado en el que hay que reconocer la aportación que hicieron los grandes toreros de México.

Y como remate, todo el mundo sueña con la media verónica, momento de máxima expresión de hondura. Es el final de un quite, bien por verónicas o por algunos de los mencionados. El remate puede llegar también  con una revolera airosa, una larga cordobesa o una serpentina. Todo es colorido y belleza cuando vuela un capote torero.

El espectador debe valorar lo que se hace con el capote, ya sea por el torero encargado de la lidia, ya sea por los banderilleros cuando con sus capotazos ponen al toro en suerte. En banderillas, pocos y buenos capotazos se deben instrumentar. También los buenos banderilleros merecen ovaciones cuando torean con el capote.

Una corrida de toros es más alegre y emocionante si se ha manejado el percal con clase y maestría. El toreo con el capote sigue vigente y el espectador disfruta cuando presencia lances llenos de clase, duende o alegría.

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El público y la pasión

Los aficionados gozamos con las películas taurinas antiguas. Es cierto que muchas veces nos quedamos sorprendidos porque el toreo de la...