29 septiembre, 2017

Un nuevo Vázquez


El paseo por las calles de Higuera de la Sierra es una vuelta atrás para rememorar tiempos pasados que no volverán. Las calles estrechas de calzadas empedradas, siempre cuesta arriba o cuesta abajo, las casas encaladas en blanco, el aire fresquito que viene de la montaña cercana, el paisaje del campo más agreste siempre a la vuelta de una esquina, los olores a dulces recién hechos con anís y todo tipo de especias, todo es un compendio de sabor serrano. Higuera tiene una de las más antiguas cabalgatas de Reyes de España; una Cabalgata viviente en la noche helada del 5 de enero. Esa Cabalgata se nutrió siempre del toreo. El clásico festival de Higuera, mantenido por el padre Girón con la ayuda de Litri, Julio Aparicio, Diego Puerta y tantos otros, fue santo y seña del calendario taurino. 

He vuelto a Higuera después de algunos años al soniquete de un nombre colgado en los carteles del remozado festival de este año, de nuevo para la cabalgata. Rezaba el mismo, como último participante, que toreaba Manolo Vázquez. Y desde que me llegó la noticia me impuse volver a Higuera para ver al quinto miembro de la dinastía torera de los Vázquez. Los hechos tienen importancia por detalles muchas veces escondidos en las telarañas más intrincadas. Era un festival en una plaza de mil personas, un festival con erales sin picar, pero al final se anunciaba un niño que se llama Manolo Vázquez. Era algo más que una anécdota en la agenda del 16 de septiembre.

Y caminando hacia la plaza me pareció ver que en la puerta de su casa de siempre estaba el cura Girón, un santo de los de verdad y torero por todos sus poros. Allí me pareció que volvía a salir para saludar a los amigos, para hospedar a los toreros que se vestían de corto en las habitaciones de su casa. Y una nostalgia profunda me fue invadiendo. Era el tiempo pasado, tantos ratos amables vividos en sus calles y en la plaza, esa sensación de que ya nada puede ser como antes, aunque muchas veces nos empeñemos en lo contario.

Manolo Vázquez es un niño que torea como los Vázquez. Demostró aplomo, clasicismo, maneras ortodoxas y sentido del temple, todo ello sin ningún detalle para la galería. Será torero o no lo será, pero era necesario volver a la plaza serrana para ver la puesta en escena de este descendiente de mis amigos Pepe Luis y Manolo Vázquez. Era preciso sacar un festival de tercera del montón de festejos de un sábado de septiembre.  

La mejor información taurina en http://sevillatoro.es/

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Invierno

El invierno del toreo debería ser tiempo de análisis y reflexión. Al aficionado, y también a los profesionales, le encantaría que surgi...